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09.06.26
7 minutos de lecturaLa Fundación ”la Caixa” impulsa acciones intergeneracionales para reflexionar sobre el edadismo y transformar la experiencia compartida en una herramienta de cambio social. Jóvenes y personas mayores han intercambiado impresiones en un encuentro organizado en el Centro Social de Personas Mayores El Llano, en Gijón. Hasta el momento, más de 1.300 personas de toda España han participado en talleres y acciones comunitarias como esta para sensibilizar sobre el edadismo.
Estereotipos, prejuicios y discriminación en función de la edad son los tres ingredientes que, según los expertos, conforman el edadismo. «En la actualidad, alrededor del 50 % de la población española percibe que hay discriminación por edad hacia las personas de 55 años o más», explica la experta internacional en envejecimiento saludable Vânia de la Fuente-Núñez.
Consciente de ello, el programa de Personas Mayores de la Fundación ”la Caixa” impulsó en 2023 el Glosario sobre edadismo tras un riguroso proceso de creación conjunta con personas mayores, gracias a cuya participación se recopilaron y seleccionaron palabras y expresiones edadistas. Cada palabra o expresión permitió desarrollar una reflexión clara y cercana sobre el edadismo con un enfoque propositivo que subraya la dignidad de la persona.

Esta iniciativa fue la semilla de un proyecto más grande y con potencial transformador para la sociedad. En el año 2025 se inició el «Taller sobre edadismo: cómo detectarlo y prevenirlo» —implantado en la red de centros propios y en convenio que desarrolla el programa en todas las comunidades autónomas—, cuyo objetivo es concienciar a las personas mayores sobre dicho fenómeno, generar espacios de reflexión y proporcionar herramientas para gestionar estas situaciones.
Además, estos talleres tienen como finalidad promover acciones de sensibilización comunitarias e intergeneracionales a través del voluntariado con el fin de contribuir a prevenir y reducir el edadismo.
Hasta el momento se han llevado a cabo más de 60 talleres sobre cómo detectar y prevenir el edadismo en los que han participado más de 900 personas. Además, a raíz de estos talleres se han organizado acciones comunitarias intergeneracionales que han beneficiado a más de 400 personas y que están orientadas a impulsar a las personas mayores como agentes de cambio en su propio entorno.
Una de estas acciones ha tenido lugar en el Centro Social de Personas Mayores El Llano, en Gijón, donde personas mayores que cursaron el taller sobre edadismo han puesto en práctica lo aprendido en un encuentro con alumnado del Ciclo Formativo Superior de Integración Social del IES Roces. La acción intergeneracional llevaba como título «Memoria y acción: creando identidad frente al edadismo».



Durante las primeras sesiones, el grupo trabajó precisamente en el lenguaje y en aquellas expresiones o gestos que muchas veces pasan desapercibidos. «El lenguaje crea realidades», incide Sheila Carreira, de 22 años, una de las estudiantes que han participado en la dinamización de la actividad. Además, «cuando una persona dice “yo no puedo hacer eso porque tengo una edad”, el imaginario social se alimenta de esa idea», afirma la joven. «El empoderamiento es imprescindible porque te da confianza y fe para llevar a cabo propósitos y que lleguen a buen fin», ratifica Germán Menéndez, un participante de 74 años.
Coinciden en este aspecto expertas como Montse Celdrán, psicogerontóloga y experta en psicología del envejecimiento, quien estuvo implicada en la creación del glosario. «El edadismo surge de cómo nos hemos organizado como sociedad en el plano intergeneracional. Tendemos a dividir nuestros momentos vitales en convivencias de grupos de edades muy similares».

En una de las paredes de la sala cuelga un conjunto de fotografías, tomadas en sesiones previas para presentarlas durante la sesión participativa, en las que personas mayores posan recreando escenas edadistas cotidianas. En una de las instantáneas se ve la figura de una mujer con aire apenado y rodeada de imágenes difuminadas para expresar el aislamiento que sufre en un entorno en movimiento que la ignora. Otra muestra a un médico en su despacho que se dirige a los supuestos hijos en lugar de a la paciente, una persona mayor. «Son escenas habituales, no les damos importancia, pero son edadistas», afirma María José Alonso, de 66 años.
A medida que avanza, la sesión se va pareciendo cada vez menos a una actividad formativa convencional y más a un espacio de reflexión y debate donde destacan las aportaciones constructivas y críticas tanto de los mayores como de los jóvenes.
La dinámica invita a nombrar a personas que hayan luchado por un mundo mejor. Algunos jóvenes hablan con reconocimiento de sus abuelos. Otros participantes recuerdan a Rosalía de Castro o a Clara Campoamor.


Empiezan a cruzarse recuerdos, referencias y experiencias de vida. Ese espacio generado permite que discurra la sesión con conversaciones sobre distintos temas de auténtico interés para ambas generaciones participantes, como los movimientos sociales, los antiguos trabajos, la movilidad, la salud física y mental o los cambios culturales por los que han ido pasando sus vidas.
De esas conversaciones surge una idea compartida: las sociedades cambian cuando lo que estaba oculto empieza a nombrarse. «Muchas veces somos insensibles a lo que sucede hasta que nos toca a nosotros mismos. Si una persona tiene un accidente de coche, se ven las consecuencias; pero de la salud mental, la discriminación o el edadismo, las consecuencias no se ven tan claramente», reflexiona uno de los participantes.

Durante sesiones anteriores, el grupo trabajó también en la creación de una bandera que representara la lucha contra el edadismo. Las ideas fueron circulando durante semanas en un grupo de WhatsApp compartido entre estudiantes y personas mayores.
David Aguilar, el dinamizador, proyecta algunos bocetos sobre una pantalla. «¿Recordáis los colores? El amarillo representa la sabiduría; el plata, la lucidez; el verde, la esperanza», recuerdan entre todos. Y el trébol, en alusión al símbolo que llevan en los coches las personas mayores en Japón.
«Estamos haciendo arte urbano», bromea una mujer entre risas. La escena rompe muchos de los imaginarios asociados a la vejez. También lo hace Loli, que lleva el pelo teñido de un violeta intenso que convive deliberadamente con sus canas. «La vida no termina al llegar a los 60», resume. Habla de paseos con amigas, excursiones, visitas a museos y actividades compartidas. «Yo lo estoy viviendo como una segunda juventud».
Una persona mayor responde a una joven: «Parece que a vosotras os queda lejos, pero deberíais ir poniendo semillas para que el mundo cambie cuando os llegue el momento». Germán recoge la idea y la lleva al terreno cotidiano. «Lo único que puedo cambiar soy yo mismo. Y desde ahí cada uno da ejemplo. Cambiar uno mismo acaba por cambiar la sociedad».
Rubén, de 70, confiesa que una de las cosas más valiosas del taller y de la sesión ha sido descubrir que todavía puede seguir aprendiendo. «Salgo de mi propia barrera edadista al relacionarme con este grupo de jóvenes», explica. «Tienen una mirada limpia sobre el tema y hemos compartido una reflexión optimista».
La idea del aprendizaje mutuo aparece una y otra vez durante toda la jornada. Los participantes coinciden en que la curiosidad sigue siendo una forma de resistencia frente al envejecimiento entendido como retirada social. «Se empieza a envejecer cuando se pierde la curiosidad», cierran.

La sesión termina, pero las conversaciones continúan alrededor de las fotografías, los símbolos y los bocetos de bandera. Todos salen contentos y agradecidos por lo aprendido. «La verdad es que estoy encantada con estos talleres y con el profesor que tenemos. Ojalá más gente pueda participar para enriquecerse como nosotros lo hemos hecho», reconoce María José. «Muchas gracias a la Fundación ”la Caixa” por generar acciones y crear espacios de este tipo para concienciar y ayudarnos a conocernos mejor y a mejorar nosotros mismos», resume otra persona mayor. «Creo profundamente que estas actividades sirven para mejorar la sociedad, la sociedad de todos, sin dejar a nadie fuera», concluye Germán.