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«Yo me estanqué, pero me gustaría que mis hijos llegaran más lejos»

Dos niños y una técnica juegan con un circuito de coches de juguete en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.
Dos niños y una técnica juegan con un circuito de coches de juguete en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.© Fundación ”la Caixa”

«Yo me estanqué, pero me gustaría que mis hijos llegaran más lejos»

Madrid

20.01.26

6 minutos de lectura
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Cada mañana, en un piso de Puente Vallecas, Ainhoa Torres sirve el desayuno a sus tres hijos. Son trillizos de casi cuatro años: Naim, Nian y Asier. Ainhoa tiene 35 años y ha vivido siempre en el barrio, uno de los más desfavorecidos de Madrid. Allí cría a sus hijos mientras se prepara para sacarse la ESO y encontrar trabajo. En medio de esa carrera diaria para salir adelante, el acompañamiento de la Fundación ”la Caixa” a través de CaixaProinfancia ha marcado un antes y un después en la vida de esta familia.

Vallecas es mucho más que un barrio humilde, y los datos dibujan un contexto complejo. Es uno de los distritos con mayor densidad de población de Europa y también de los que registran más desempleo y abandono escolar de España. Concentra el 23,7 % de las familias perceptoras de la renta mínima de inserción (RMI) de Madrid. El distrito tiene la renta bruta anual más baja de la capital (22.593 euros) y acumula, además, una de las tasas más altas de personas en situación de calle de toda la comunidad autónoma.

En este escenario trabaja la Asociación Barró, una entidad colaboradora del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa” que lleva 25 años ofreciendo apoyo socioeducativo a niños, niñas y adolescentes que viven en entornos vulnerables con el fin de impulsar su integración social y romper el círculo de la pobreza que se transmite de padres a hijos.

Ainhoa Torres vive con su pareja y sus trillizos en casa de sus padres. «Sin la ayuda de mis padres no podría hacer nada», resume. «Nos compaginamos para llevarlos al cole y hacer la comida y las tareas del hogar».

Cuenta que en su momento no pudo terminar la educación secundaria obligatoria (ESO) y fue precisamente el nacimiento de sus hijos lo que la empujó a retomar los estudios. «Los tengo que ayudar. Yo ahora mismo no me acuerdo de nada de lo que estudié y, si no sé nada, ¿cómo puedo ayudarlos? Eso me motivó muchísimo», reflexiona.

La vallecana tiene experiencia en el sector de la limpieza, pero ahora está en paro y sabe que el título de ESO es también un requisito para acceder al mercado laboral. «Sin la ESO, nadie me contrata». Sin embargo, sus obligaciones académicas están supeditadas a las necesidades de los pequeños y los turnos partidos de su pareja. Ainhoa define con estoicismo que su situación es «un poquito complicada».

Declaraciones de Ainhoa Torres, madre de Naim, Nian y Asier y usuaria del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”.© Fundación ”la Caixa”

«Al no tener una red de apoyo, a estas familias les pueden los problemas constantes. Sus mochilas están muy llenas de carga», afirma Elena Rebollo, pedagoga y responsable del área de Infancia, Juventud y Familia de la Asociación Barró.

Elena Rebollo: «Al no tener una red de apoyo, a estas familias les pueden los problemas constantes. Sus mochilas están muy llenas de carga».

En la entidad han observado una evolución de la vulnerabilidad a lo largo de los años. «En general, ahora atendemos a una población con una vulnerabilidad muy alta que además es multifactorial y, por lo tanto, coinciden en una misma familia múltiples problemáticas», declara Rebollo.

Niños jugando en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.
Niños y niñas jugando en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.© Fundación ”la Caixa”
Un niño montando un circuito de coches de juguete en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.
Un niño montando un circuito de coches de juguete.© Fundación ”la Caixa”
Ainhoa, madre de Naim, Nian y Asier y usuaria del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”.
Ainhoa Torres, madre de Naim, Nian y Asier y usuaria del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”.© Fundación ”la Caixa”

Cuando aparece una red que sostiene

Salir de la espiral es complicado porque la precariedad condiciona todos los aspectos de la vida: las relaciones familiares y sociales, la salud mental, los resultados académicos, las posibilidades laborales... Rebollo lo ilustra con claridad: «Si yo tengo que preocuparme por tener acceso a una vivienda digna, buscar trabajo o llenar la nevera, es complicado que, por ejemplo, pueda hacer un seguimiento escolar de mis hijos».

Según la técnica, ocho de cada diez personas que han experimentado pobreza en la infancia reproducen esa situación al formar su propia familia. «Muchos de los padres y madres a los que atendemos no se sienten capaces de acompañar a sus hijos durante el proceso educativo porque, en esencia, no saben lo que es ser acompañados».

Elena Rebollo: «Muchos de los padres y madres a los que atendemos no se sienten capaces de acompañar a sus hijos durante el proceso educativo porque, en esencia, no saben lo que es ser acompañados».

En este contexto, contar con una entidad que los sostenga y acompañe puede marcar la diferencia. La pobreza genera brechas y el tercer sector intenta amortiguarlas. «Somos una palanca», sostiene la pedagoga. «Estos niños y niñas, en general, no creen en sí mismos, pero cuando encuentran esta red de apoyo, cuando las entidades los acompañamos, se percatan de que se pueden desarrollar más de lo que habitualmente se espera de ellos. Los empujamos a que se convenzan de que pueden».

Declaraciones de Elena Rebollo, pedagoga y responsable del área de Infancia, Juventud y Familia de la Asociación Barró.© Fundación ”la Caixa”

Un espacio seguro para que nadie se quede atrás

Naim, Nian y Asier asisten a los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró. Para ellos es una actividad diferente por las tardes, un lugar seguro donde aprender y jugar. «Son ellos quienes quieren venir», confiesa la madre. Ainhoa está contenta porque ve que sus niños «aprenden mucho más y se divierten».

«Los niños y las niñas a los que atendemos tienen un punto de partida en la vida muy distinto: vienen de hogares en los que suele ser difícil estudiar o concentrarse, no descansan lo suficiente y a veces padecen situaciones emocionales complicadas e inestables que les dificultan afrontar una jornada escolar con normalidad», señala Rebollo.

Elena Rebollo: «Tener un espacio donde trabajar sus competencias académicas, sociales y emocionales, expresarse libremente y no sentirse juzgados tiene un gran impacto para los niños y niñas».

CaixaProinfancia ha acompañado desde 2007 a cerca de 400.000 niños, niñas y adolescentes de toda España de la mano de una red de más de 400 entidades colaboradoras y, según la pedagoga, el impacto del programa se amplifica con el tiempo: las familias que llevan más años notan con claridad los efectos del acompañamiento y del refuerzo educativo.

Los niños aprenden a prepararse los exámenes, se organizan mejor y refuerzan tanto sus competencias académicas como sus habilidades sociales y emocionales. «Tener un espacio donde trabajar todo esto, expresarse libremente y no sentirse juzgados tiene un gran impacto para ellos», asegura.

Dos niños jugando al futbolín en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.
Dos niños jugando al futbolín.© Fundación ”la Caixa”
Una técnica con los niños preparando un espectáculo de marionetas en los Espacios de Crecimiento 3-6 de CaixaProinfancia en la Asociación Barró.
Una técnica preparando un espectáculo de marionetas.© Fundación ”la Caixa”

La valoración de las familias es, en general, muy positiva. Con el tiempo, los vínculos se estrechan. «Nos sienten como “familia”, como un espacio donde las puertas están siempre abiertas, donde si me encuentro mal me van a acompañar, siempre se van a alegrar de mis éxitos y nunca me van a juzgar», señala la técnica de la entidad.

Ainhoa habla del futuro con una mezcla de firmeza y emoción contenida. Lleva a la espalda años de precariedad y renuncias, pero se agarra al deseo de que sus hijos tengan más oportunidades de las que tuvo ella. «Me gustaría que fueran más que yo, que llegaran más lejos. Yo me estanqué en el instituto y me gustaría que ellos pudieran ir a la universidad y optar a un buen trabajo».

Su historia no borra las dificultades, pero sí introduce un matiz decisivo: ya no está sola. Tiene una red que la sostiene, un título en camino y tres niños que, por las tardes, juegan y aprenden en un espacio donde alguien les repite cada día que pueden llegar más lejos.

Última actualización: 20 enero 2026 | 10:22