
La exposición Tiburones. Guardianes del océano se articula en nueve ámbitos que abordan diferentes aspectos relacionados con estos animales: «Los más antiguos», «Supervivencia evolutiva», «¿Qué son los tiburones?», «Cuerpo y sentidos de los tiburones», «Respeto», «Miedo», «Los océanos necesitan a los tiburones», «Bajo amenaza» y «Cómo salvar a los tiburones».
Además, se exhiben réplicas a tamaño real de diez especies diferentes:
- Helicoprion
- Tiburón tigre (Galeocerdo cuvier)
- Tiburón martillo común (Sphyrna lewini)
- Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)
- Cerdo marino agujeta (Oxynotus bruniensis)
- Tiburón pintarroja colilarga ocelada (Hemiscyllium ocellatum)
- Tiburón blanco (Carcharodon carcharias)
- Tiburón sarda (Carcharhinus leucas)
- Tiburón de Port Jackson n (Heterodontus portusjacksoni)
- Tiburón toro (Carcharias taurus)
A lo largo de estos ámbitos, la exposición profundiza en algunas de las grandes cuestiones relacionadas con los tiburones.
Animales antiguos y con mucha capacidad de adaptación
Las características biológicas de los tiburones actuales son el resultado de millones de años de evolución. Los tiburones no tienen huesos, sino un esqueleto de cartílago que los hace más ligeros. Así mismo, tienen la piel cubierta de dentículos dérmicos, es decir, escamas serradas que favorecen un movimiento más aerodinámico en el agua.
El estudio de fósiles de dientes y de dentículos dérmicos ha revelado que el linaje de los tiburones tiene más de 450 millones de años de historia evolutiva. A partir de este dato, la muestra explica la historia de supervivencia de estos animales ancestrales y destaca cómo se han adaptado a los cambios producidos en los océanos, por ejemplo, los ciclos de enfriamiento y calentamiento, la acidificación de los océanos y la competencia con otros grandes depredadores, entre otros.
En la exposición se pueden descubrir varias curiosidades de estos animales, por ejemplo, que fue durante el periodo pérmico cuando adquirieron algunas de sus características más peculiares, como las aletas dorsales en forma de yunque, o que no fue hasta el Jurásico y el Cretáceo cuando empezaron a parecerse a los tiburones que conocemos en la actualidad.
Destaca en este ámbito la exhibición de una réplica de Helicoprion, una especie con dientes afilados en forma de sierra circular que vivió en la edad de oro de los tiburones, hace ahora entre 290 y 250 millones de años, cuando dominaban los océanos. También se pueden ver un diente de megalodón —el pez más grande que ha existido nunca, de hasta 20 m de longitud— y una réplica a escala real de su mandíbula. Además, un interactivo permite entender las estrategias de supervivencia de los tiburones según la especie.
Diversidad entre especies
Estamos ante unos animales que presentan una gran heterogeneidad entre especies: hay más de 500 en el mundo y se describen más cada año. Actualmente, esta diversidad puede manifestarse en el tamaño, con ejemplares de 20 cm, como el tiburón linterna enano (Etmopterus perryi), y otros de hasta 12 m, como el tiburón ballena (Rhincodon typus).
Además, de entre todos los grupos de animales del planeta, los tiburones son los que presentan las estrategias reproductivas más variadas. Los hay vivíparos, cuyos embriones se desarrollan dentro del cuerpo de la madre, unas veces a través de una estructura similar a una placenta, como en el caso del tiburón martillo, y otras veces dentro de un huevo que permanece en el cuerpo de la madre hasta el momento del nacimiento, como en el tiburón blanco. También los hay ovíparos, es decir, el embrión crece dentro del huevo fuera del cuerpo de la madre, como en el caso de los tiburones de Port Jackson.
Los modos de vida también constituyen una fuente de diversidad entre estos animales. Por ejemplo, mientras la mayoría de los tiburones viven en agua salada, hay especies, como el tiburón sarda, que pueden hacer largas travesías en agua dulce; se han llegado a encontrar ejemplares en el río Misisipi, a casi 4.000 km del golfo de México.
La velocidad de movimiento también está determinada por el modo de vida. Por ejemplo, el tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), que vive en aguas muy frías, nada muy despacio. En cambio, el marrajo dientuso (Isurus oxyrinchus), que es probablemente el más rápido de todos los tiburones, puede alcanzar una velocidad de 70 km/h gracias a su sistema circulatorio, que mantiene la temperatura corporal más alta que la del agua del entorno, lo que permite que sus músculos trabajen con más eficiencia.
Uno de los grandes atractivos de la exposición es un oceanario digital que sumerge a los visitantes en un mundo cautivador donde una multitud de tiburones nadan lentamente a su alrededor. El espacio constituye una presentación multimedia hipnótica que revela la diversidad, la longevidad y el poder de los tiburones, nuestra conexión con estos animales y la importancia que tienen para el planeta.
Siete sentidos
En términos generales, los tiburones se caracterizan porque tienen sentidos sofisticados y cuerpos aerodinámicos cubiertos de unas escamas muy especializadas, los dentículos dérmicos, que reducen la fricción y les ayudan a desplazarse con facilidad y en silencio por el agua; además, estos dentículos también actúan como una armadura que los protege de los depredadores.
La forma y el movimiento veloz de los tiburones han servido de inspiración para algunos diseñadores industriales, que han imitado sus escamas, con crestas longitudinales, para mejorar el rendimiento de barcos y aviones. En competiciones deportivas de alto nivel, como los Juegos Olímpicos, los bañadores inspirados en la piel hidrodinámica de los tiburones contribuyeron a mejorar los resultados de los nadadores. Entre 2008 y 2010, año en que se prohibieron los bañadores de alta tecnología, se batieron casi 200 récords mundiales con bañadores de este tipo, pues reducían la resistencia y proporcionaban más flotabilidad y velocidad.
Muchos científicos creen que los dientes de los tiburones evolucionaron a partir de los dentículos que les cubren la piel. Sea cual sea su origen, los dientes de los tiburones, diseñados para rasgar y arrancar o para triturar y desmenuzar, son tan variados como las especies de estos animales. Como se puede ver en una infografía comparativa de la exposición, en algunos casos, como el del tiburón blanco, son dientes grandes y afilados, pero en otros, como el del enorme tiburón ballena, son dientes diminutos. En general, los tiburones tienen varias hileras de dientes que se van renovando de manera continua, lo que les garantiza la capacidad de alimentarse a lo largo de toda la vida.
Así mismo, los tiburones disponen de un conjunto de sistemas sensoriales para orientarse y para detectar a sus presas. Además de los cinco sentidos tradicionales (olfato, vista, oído, gusto y tacto), tienen dos adicionales. Por un lado, cuentan con la línea lateral, un sistema que detecta vibraciones y cambios de presión a una distancia de hasta 100 m, lo que también les sirve para la navegación. Cuando nadan, los tiburones crean ondas que rebotan en objetos como las rocas y eso les permite saber lo que hay a su alrededor. Por otro lado, tienen unos electrorreceptores, las ampollas de Lorenzini, órganos localizados en el hocico con los que perciben los pequeños campos eléctricos que irradian los animales que hay cerca.
Unos interesantes interactivos permiten recorrer el interior del cuerpo de algunos tiburones mediante una exploración en 3D, de modo que se pueden ver, por ejemplo, las excrecencias que tiene alrededor de la boca el tapicero ornamentado (Orectolobus ornatus), como si fueran una barba, o las crestas prominentes sobre los ojos que tienen los tiburones de Port Jackson.
Además, también se puede descubrir uno de los tipos de tiburón con la morfología más extraña, el tiburón martillo, que se encuentra en riesgo crítico de extinción. En este punto, los visitantes tendrán la oportunidad de contemplar una réplica de esta especie y experimentar cómo es observar el mundo con su visión característica de 360 grados.
Una mala fama instigada por la ficción
El International Shark Attack File (Archivo Internacional de Ataques de Tiburón) documenta desde hace 60 años todos los ataques conocidos de tiburón e investiga los casos nuevos. Los datos constatan que cada año mueren entre 8 y 10 personas de media por el mordisco de un tiburón. A pesar de estas cifras, el estreno de la película Tiburón (Jaws, 1975) tuvo efectos negativos en la imagen de los tiburones y alimentó el miedo y el odio hacia estos animales. La película, inspirada en una serie de ataques que tuvieron lugar en New Jersey en 1916, los presentaba como máquinas de matar.
La exposición detalla que, de las aproximadamente 500 especies que hay en todo el mundo, solo 3 —de las cuales se pueden ver réplicas— son las responsables de casi todos los incidentes mortales: el tiburón blanco, el tiburón sarda y el tiburón tigre. El tiburón arenero y el tiburón cobrizo también han causado ocasionalmente lesiones graves.
Así mismo, se pueden ver unas impresionantes mandíbulas reales del gran tiburón blanco —con dientes triangulares y serrados que le permiten alimentarse de animales de grandes dimensiones, como otros tiburones, focas, delfines e incluso ballenas muertas— y del tiburón tigre —con 48 dientes diseñados para atrapar a sus presas, cortarles la carne y «serrar» sus huesos.
En 2021, las autoridades de algunos Estados de Australia propusieron sustituir el término ataque de tiburón por la forma más neutra mordisco de tiburón. Los científicos apoyan esta iniciativa, ya que la palabra ataque implica una intención agresiva y genera miedo, mientras que mordisco es una descripción más precisa de lo que ocurre.
La exposición ofrece en este ámbito una perspectiva necesaria sobre el hecho de que, en muchas culturas, los tiburones no son temidos, sino respetados y admirados por las mismas características que nos hacen tenerles miedo: la fuerza, la velocidad y la ferocidad. Se presentan relatos, algunos en primera persona, que exploran la conexión cultural entre los humanos y los tiburones en una amplia variedad de territorios, como por ejemplo Australia, las islas del estrecho de Torres, Fiyi, Tonga, Aotearoa (nombre maorí de Nueva Zelanda) y Hawái. Para algunos pueblos de las Primeras Naciones de Australia y del Pacífico, los tiburones son mucho más que animales: son tótems, ancestros y seres con los que tienen una relación profunda de respeto y parentesco basada en el conocimiento transmitido a lo largo de generaciones.
Los ingenieros de los océanos están amenazados
Siguiendo la vocación educativa de la exposición, se pone de relieve la contribución de los tiburones a la conservación de los mares, en especial los tiburones grandes, ingenieros de los océanos que tienen un papel importante dentro de la cadena trófica. Como superdepredadores que son, ayudan a mantener el equilibrio del delicado ecosistema de los océanos. Los tiburones mantienen bajo control las poblaciones de sus presas, de forma que las presas de sus presas son objeto de una caza menos intensa. Sin embargo, el exceso de pesca actual pone en riesgo el mantenimiento de ese equilibrio.
La exposición destaca uno de los tiburones más eficientes desde el punto de vista de la transformación energética: el tiburón ballena (Rhincodon typus), el pez más grande del mundo. Aunque es de grandes dimensiones y tiene una boca enorme, con unas 300 hileras de dientes diminutos, se alimenta de plancton, crustáceos pequeños, huevos de peces y cardúmenes de peces pequeños.
A pesar de su papel fundamental en nuestro planeta, los tiburones están amenazados, lo que pone en peligro también la salud de nuestros océanos. El más grave de los problemas a los que se enfrentan es la pesca industrial, ya que con frecuencia son capturados por accidente con redes de trasmallo o palangres. Es el caso particular del tiburón toro, declarado en peligro crítico de extinción. Esta especie, de la cual se puede ver una réplica en la muestra, realiza migraciones anuales de miles de kilómetros, nada siempre en zonas cercanas a la superficie y a menudo acaba atrapada en redes de arrastre.
Los humanos pescan 100 millones de tiburones al año. Además de la pesca accidental, hay prácticas como el aleteo que tienen un gran impacto sobre las poblaciones de tiburones. En esta práctica tan cruel son capturados para cortarles las aletas y después son devueltos al mar, donde mueren. El arraigo de determinadas tradiciones gastronómicas, como el consumo de sopa de aleta de tiburón, considerada un plato de lujo en algunas culturas, especialmente en Asia, tiene peso en esta amenaza. Se calcula que, si se eliminara la sopa de aleta de tiburón de los menús de los restaurantes, se podrían salvar hasta 73 millones de tiburones al año. Según algunos informes, durante la década de 2010, una creciente conciencia animalista redujo el consumo de aleta de tiburón en China en un 80 %.
Estas graves prácticas se suman a otras problemáticas, entre las cuales se encuentran la presencia de plásticos en los mares, el cambio climático y el aumento de la temperatura del agua, así como las bajas tasas de reproducción. Los tiburones, en especial los de grandes dimensiones, que son los más amenazados, tienen camadas pequeñas y periodos de gestación muy largos. El tiburón de Groenlandia es un caso extremo: tiene un metabolismo muy bajo porque nada en aguas heladas. Aunque puede llegar a vivir 400 años, su periodo de gestación es de décadas.
Un mensaje de esperanza: lo que sí podemos hacer
La exposición aspira a generar un cambio positivo en la percepción que los visitantes tienen de estos animales y animarlos a pasar a la acción para contribuir a su preservación. A este respecto, la exposición invita a aprovechar los conocimientos y las perspectivas de los pueblos de las Primeras Naciones —las poblaciones autóctonas de Oceanía, que han convivido con los tiburones durante miles de años—, y también las recomendaciones de los científicos y de los ecologistas para orientar nuestras acciones.
Por un lado, como se puede ver en un interactivo, los humanos pueden hacer cosas tan sencillas como evitar la pesca de tiburones para su consumo, prohibir prácticas como el aleteo, proteger determinadas especies y devolver al mar los ejemplares capturados por accidente.
Además, también se ha impulsado un primer programa de reintroducción de una especie de tiburón en peligro de extinción, los tiburones cebra (Stegostoma tigrinum), en Papúa Occidental. También se pueden crear reservas marinas, preferentemente de uso restrictivo, es decir, donde se prohíban las actividades extractivas; a escala global, solo el 2,7 % de los océanos están protegidos en parques nacionales marinos de uso restrictivo. Australia, con 58 parques marinos que cubren el 37 % de sus océanos, tiene una de las áreas marinas protegidas más grandes del mundo, pero en tres cuartas partes de estos parques se permite la pesca, por lo que solo alrededor del 15 % de los océanos de Australia son áreas protegidas de uso restrictivo.
El estado de los tiburones en el Mediterráneo
En su estancia en CosmoCaixa, la exposición incorpora un audiovisual producido por la Fundación ”la Caixa” sobre los tiburones del Mediterráneo que pone de manifiesto que actualmente en nuestro mar viven 49 especies de tiburones, la mitad de ellas amenazadas de extinción por la pesca y la contaminación.
El audiovisual aborda algunas buenas prácticas que pueden contribuir a la protección de los tiburones en diferentes zonas del Mediterráneo con la colaboración de científicos, conservacionistas y pescadores. Los visitantes podrán descubrir cómo se crían pintarrojas en el Parque Nacional Marítimo Terrestre del Archipiélago de Cabrera, una especie en peligro de extinción en las Baleares. Esta especie también es la protagonista de una iniciativa del Oceanogràfic de Valencia, donde se llevan a cabo inseminaciones artificiales.
En cuanto a la problemática de la pesca, destacan iniciativas como la de Catsharks, en Barcelona, que rescata huevos de tiburones gato de las redes de los pescadores para criarlos y liberarlos, o la de la Cofradía de Pescadores de Palma, que diseña filtros para salvar a grandes tiburones cuando son capturados por accidente.
Como prueba de que la protección frente a la pesca de arrastre funciona, el audiovisual también habla de Shark Med, una iniciativa que estudia los tiburones en su hábitat de Mallorca con cámaras bentónicas y que ha permitido documentar, por ejemplo, la presencia de 15 individuos de Cañabota bocadulce.


