
Las ayudas económicas impulsan la natalidad a corto plazo, pero la estabilidad laboral y la conciliación determinan su sostenibilidad
26.05.26
6 minutos de lecturaDos estudios impulsados por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” y liderados por investigadores de la Goethe Universität Frankfurt y del Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), entre otras instituciones, analizan cómo influyen los incentivos financieros por nacimiento y las políticas laborales de conciliación en la decisión de tener hijos en España.
En un contexto de baja natalidad en España, con una media de 1,1 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional, dos investigaciones impulsadas por el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” examinan qué políticas son más eficaces para aumentar el número de nacimientos. La conclusión está clara: los incentivos económicos por nacimiento generan aumentos inmediatos de la natalidad, pero su efecto es limitado y no se sostiene en el tiempo. En cambio, factores estructurales, como la estabilidad laboral, la conciliación o la reducción de los costes profesionales asociados a la maternidad son clave para elevar el número de hijos por mujer a largo plazo.
Los gobiernos muestran una creciente preocupación por las consecuencias económicas de este fenómeno, como el envejecimiento de la población, la posible escasez de mano de obra o la sostenibilidad del estado de bienestar. Ante esta situación, han impulsado distintas estrategias para afrontarlo. Sin embargo, tanto esas políticas como las decisiones empresariales pueden modificar los costes y los riesgos asociados a la contratación de mujeres con hijos. Estas investigaciones analizan cómo influyen las medidas económicas directas, las políticas de conciliación y las dinámicas del mercado laboral en la decisión de tener hijos de las mujeres españolas.
El «cheque bebé»: efectos limitados frente a una población que quiere tener más hijos
El primer estudio, titulado ¿Los incentivos financieros impulsan la natalidad a largo plazo? y elaborado por los investigadores Lidia Cruces y F. Javier Rodríguez, de la Goethe Universität Frankfurt, en el marco del proyecto europeo SUSTAINWELL liderado por la Universitat de Barcelona, profundiza sobre los efectos del «cheque bebé», una ayuda universal de 2.500 euros por nacimiento introducida en España en 2007 que equivalía al doble de la media del salario bruto mensual de las mujeres. Análisis anteriores muestran que este tipo de políticas tiene un efecto positivo a corto plazo: los nacimientos aumentaron un 6 % en los 9 meses posteriores a su implementación. Sin embargo, al extender el período de estudio mediante un modelo que simula participación laboral y decisiones de fecundidad a lo largo del ciclo vital, su impacto sobre la tasa de natalidad total, que es el indicador clave para medir las dinámicas demográficas, es significativamente menor y apenas alcanza el 3 %.

Esta diferencia refleja que los incentivos financieros directos tienden a adelantar nacimientos más que a incrementar de forma sostenida el número de hijos. Además, los investigadores subrayan que «las dinámicas demográficas dependen de decisiones acumuladas a lo largo de la vida, no solo de respuestas inmediatas a estímulos puntuales».
En esta línea, el estudio identifica una brecha entre la natalidad real y la deseada: las mujeres en España declaran querer tener más hijos de los que finalmente tienen, pero factores como las dificultades de conciliación y los costes laborales asociados a la maternidad condicionan esta diferencia. De hecho, 10 años después del primer hijo, las mujeres tienen un 37,5 % más de probabilidades de trabajar a tiempo parcial y unos ingresos un 33,4 % inferiores de media.
Políticas de conciliación y empresas: el papel clave de la estabilidad laboral
La segunda investigación, titulada ¿Contribuyen las políticas de conciliación en España? El papel de las empresas, analiza las diferentes medidas de conciliación y su impacto en las decisiones de contratación de las compañías. El estudio subraya que estas políticas no pueden evaluarse sin considerar la respuesta de las empresas, ya que influyen en la contratación, la conversión de contratos y los despidos. De lo contrario, existe el riesgo de que refuercen las brechas de género en empleo e ingresos.
A partir de datos administrativos y de un modelo estructural del mercado laboral, los autores de la investigación, Olympia Bover, del CEMFI; Nezih Guner, del CEMFI y del Banco de España; Yuliya Kulikova, del Okinawa Institute of Science and Technology (OIST) y del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA); Alessandro Ruggieri, del Institut d’Anàlisi Econòmica-CSIC y de la Barcelona School of Economics, y Carlos Sanz, del Banco de España y del CEMFI, identifican un trade-off entre fecundidad e ingresos. El informe explica que las políticas de conciliación que refuerzan la estabilidad laboral pueden favorecer la natalidad al facilitar la compatibilidad entre empleo y maternidad. No obstante, también pueden generar efectos contraproducentes si las empresas anticipan mayores costes laborales futuros, pues se desincentiva tanto la contratación como la conversión de contratos temporales en indefinidos.
A este respecto, las políticas familiares implican un equilibrio complejo entre natalidad e ingresos. Medidas como permisos de maternidad más largos, mayores prestaciones o una menor rotación laboral tienden a elevar la natalidad, aunque a menudo reducen la participación laboral femenina y los ingresos acumulados a lo largo del ciclo vital. Del mismo modo, las políticas que refuerzan la estabilidad pueden aumentar el número de hijos, pero a costa de generar menos empleo, aunque este sea más estable. Por el contrario, las medidas que incrementan la fluidez del mercado de trabajo favorecen la contratación, impulsan el empleo femenino y elevan los ingresos, pero dificultan la compatibilidad entre maternidad y empleo estable, lo que reduce el número de hijos por mujer.

El análisis también muestra que las mujeres están infrarrepresentadas en sectores con jornadas largas, lo que subraya la importancia de la flexibilidad laboral. Además, aquellas con empleos menos flexibles experimentan un crecimiento salarial más lento, especialmente tras tener hijos. Como ejemplo de ello, la investigación demuestra que, tras la reforma de 1999 que introdujo el derecho a la reducción de jornada con protección del empleo, aumentó el uso de esta medida entre las madres con contrato indefinido y, por otro lado, también se observó una reacción empresarial adversa, ya que disminuyó la conversión de contratos femeninos temporales en indefinidos ante la expectativa de mayores costes laborales futuros asociados a la maternidad.
Ante este escenario, el análisis concluye que los subsidios destinados a incentivar la conversión de contratos temporales femeninos en indefinidos son una de las medidas más eficaces, al compensar las reticencias empresariales asociadas a la maternidad y permitir mejoras simultáneas en maternidad e ingresos.
Alinear incentivos públicos y empresariales para promover la natalidad
Ambos estudios coinciden en que no todas las políticas familiares generan los mismos efectos y que muchas implican costes en términos de empleo o ingresos. A pesar de ello, identifican instrumentos especialmente eficaces cuando se logran alinear los incentivos de trabajadoras y empresas. Por consiguiente, las políticas deben diseñarse teniendo en cuenta tanto las decisiones de las mujeres como las de las empresas. Solo así será posible reducir los costes profesionales de la maternidad, mejorar la conciliación y reforzar la estabilidad laboral, factores clave para cerrar la brecha entre hijos deseados y reales.
En definitiva, impulsar la natalidad no depende únicamente de transferencias monetarias, sino de crear un entorno en el que tener hijos sea compatible con el desarrollo de una carrera profesional sostenible a lo largo del ciclo vital.



