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Lingüista, doctora en Ciencia Computacional y
fundadora de Change Dyslexia
Diagnosticada con dislexia a los 10 años, Luz Rello convirtió sus dificultades con la lectura y la escritura durante la etapa escolar en el motor de una carrera dedicada a investigar este trastorno del aprendizaje. Tras formarse en lingüística y ciencia computacional, aprovecha la inteligencia artificial para la detección y reeducación de la dislexia. Es fundadora de Change Dyslexia y creadora de Dytective, una herramienta que, con el apoyo de la Fundación ”la Caixa”, se pone a disposición de escuelas de primaria y entidades sociales de todo el país. Hablamos con ella sobre la investigación, su impacto social y el futuro de la dislexia en la educación.
Tener dislexia no afectó a lo que quería investigar al principio. Empecé el doctorado trabajando en procesamiento del lenguaje natural e inteligencia artificial (IA). Fue mi director de tesis quien, al saber de mi dislexia, me propuso incorporarlo. Más adelante sí se volvió relevante. Cuando empezamos a obtener resultados positivos quise que mi investigación sirviera para ayudar al mayor número de personas posible, sin barreras sociales. Eso no podía quedar relegado a un artículo científico. Mi experiencia personal me permitió empatizar y darme cuenta de que, en contra de lo que pensaba, las cosas no habían cambiado tanto en los colegios.

Lo más duro fue lo emocional: pensar que eres más tonto que tus compañeros, tener menos amigos, escuchar risas en clase… Cuando no puedes confiar en lo que lees o escribes y no entiendes por qué, pierdes confianza en ti misma. Es habitual que las personas con dislexia tengan baja autoestima. Recuperarla cuesta mucho: hay que reconquistarla e interiorizar ese «yo puedo».
Durante la tesis vino al laboratorio una participante y se echó a llorar antes del estudio. Cuando le pregunté qué ocurría me confesó que le habían pegado en el colegio. Fue ahí cuando me vi reflejada en ella. Yo todavía no le había contado a nadie que tenía dislexia. Le dije que saldría adelante como lo había hecho yo. Ahí me di cuenta de que somos un montón. En mi idealización del mundo, los chavales con dislexia ya no sufrían. ¡Me equivocaba! Me propuse que todo lo que haría a partir de ese momento sería al servicio de las personas.
Sí, o casi nació ahí. Porque, claro, investigas para ser investigador investigadora, para tener un trabajo, para descubrir cosas nuevas. Pero investigar para solucionar un problema concreto es distinto.
La tolerancia al error se ha convertido, con el tiempo, en un regalo. Tengo muy asumido que no pasa nada si me equivoco. Esa resiliencia no la tenía de pequeña. Ya adulta, cuando estaba en grupos de investigación con gente brillante, veía que saltaban a otro tema cuando algo les salía mal; yo, en cambio, no dejaba de intentarlo hasta conseguirlo. No se me caían los anillos. De hecho, cuando trabajo en equipo, siempre asumo que el error es mío si algo falla. La dislexia también me ha enseñado a confiar en los demás cuando colaboras y eso es muy enriquecedor.
Change Dyslexia es una institución social que canaliza toda la investigación realizada en torno a la dislexia. Dytective es una plataforma con dos componentes: un test de cribado de dificultades de lectura y escritura mediante IA y una batería de ejercicios que han demostrado mejorar de forma significativa la lectoescritura de los niños. Su eficacia está respaldada por múltiples estudios científicos.
El descubrimiento fue comprobar que los errores escritos por personas con dislexia no eran aleatorios, sino que seguían patrones lingüísticos y estadísticos, como ocurre en la gramática. Puede parecer una tontería, pero no lo es: hasta entonces se pensaba que los errores eran arbitrarios, al tuntún. Ese hallazgo nos dio información nueva. Los modelos de IA funcionan precisamente porque detectan patrones y eso nos permitió aplicarlos en ejercicios de mejora personalizables, tanto a escala global como individual. Ninguno de los más de 30.000 niños que han usado Dytective ha hecho los mismos ejercicios. Los errores son manifestaciones de nuestras dificultades —en la dislexia y en la vida— y entenderlos es lo que nos permite atajar el problema.
La usamos en la predicción de dificultades de lectoescritura. Ahí es muy potente. Funciona así: una persona hace unos ejercicios durante 15 minutos, recogemos casi 200 variables y eso va a un modelo de aprendizaje automático de IA que anteriormente ha sido entrenado con miles de personas de las que sabíamos si habían sido o no diagnosticadas con dislexia. Cuando llega un nuevo participante, el modelo recupera esos patrones y predice, con un índice de error —como toda IA—, si esa persona tiene riesgo de presentar dificultades de lectoescritura. En el resto de la herramienta usamos otras técnicas de personalización.
Sobre todo, la validación científica. Todo lo que está dentro de Dytective ha sido validado previamente por investigadores de distintas universidades y por eso hemos tardado 15 años en llegar hasta aquí. No hemos querido correr ni teníamos ansia comercial; lo importante era solucionar un problema.
Un estudio realizado por investigadores de la London School of Economics y la Universidad Rey Juan Carlos demuestra que, en los 107 colegios que utilizaban Dytective en la Comunidad de Madrid, los alumnos mejoraron en las pruebas de lengua española e inglés de la LOMCE. Para mí, ha sido la prueba del algodón de que la herramienta funciona de verdad.

Soy optimista por naturaleza y creo que algo ha cambiado: cada vez se relaciona menos la dislexia con ser poco inteligente. Antes eran casi sinónimos. Ahora veo a niños y adolescentes decir abiertamente que son disléxicos y cuando yo era pequeña no lo hacías porque te avergonzabas. Me gustaría que, en unos años, la neurodiversidad se reconociera como un valor.
Un papel muy importante. Cuando eres pequeño y tienes dislexia no sabes lo que te pasa y, aunque te lo digan, tampoco lo entiendes del todo. Tú lo que quieres es sacar buenas notas, tener amigos y que te dejen en paz. Si nadie te lo explica desde fuera, lo que piensas es que eres tonto porque ves que los demás lo hacen sin dificultad. Es algo muy sutil: piensas que es un tema de memoria o de despiste porque además te lo repiten. Por eso, que alguien te lo explique y te ayude es crucial; sin eso no sales adelante.
Todavía lo estoy asimilando porque es lo que siempre he querido. Han sido 10 años, no sin dificultades, para conseguir que este proyecto sea sostenible, siempre con el apoyo de administraciones públicas. La Fundación ”la Caixa” nos da la oportunidad de revertir el problema al permitir que Dytective sea gratuito para todos los colegios del país. Lo afrontamos con ilusión y con la responsabilidad que conlleva. Tenemos que lograr un cambio de mentalidad en las escuelas, del mismo modo que la presencia del gel hidroalcohólico se normalizó en los hospitales después de la pandemia.
Actualmente estamos creando esas estrategias. Un agente principal será el programa CaixaProinfancia, a través del cual la Fundación ”la Caixa” colabora con entidades sociales que apoyan a niños en situación de vulnerabilidad. Tenemos que llegar a ellos a través de sus colegios y hay distintas formas de hacerlo.
Lo he dicho toda la vida y por fin empiezo a creérmelo: estamos cerca de un cambio sistémico en la mentalidad de nuestro país. El objetivo es lograr una masa crítica de centros educativos que detecten y traten la dislexia por defecto y no como algo extraordinario, dado que representamos un 10% de la población española.
Le diría que esté tranquilo. Para algunos, recibir el diagnóstico es un palo y para otros un alivio porque entienden que no son tontos. Lo importante es tener claro que la dislexia tiene solución. Eso sí, va a requerir más trabajo que para el resto. Hay que darlo todo y confiar, aunque los resultados no se vean de un día para otro. Con el tiempo se sale adelante.
Lo importante es informarse desde el principio. En las universidades suele haber oficinas de transferencia y conviene acudir a ellas cuanto antes para entender cómo funciona el proceso. También ayuda buscar referentes cercanos, profesores o investigadores que ya hayan transferido su conocimiento a un producto real. Les diría que no piensen que están solos: hay medios y personas que lo han hecho antes. Al principio puede parecer complicado, pero se consigue. Hay que ser constante y también creativo; quizá no salga a la primera ni a la segunda, ni a la tercera, pero al final se logra.