
CaixaForum Barcelona se rinde a la poesía del desenfoque en el arte a partir de Monet
19.05.26
9 minutos de lecturaCaixaForum Barcelona explora la poesía del desenfoque como elección estética y clave de interpretación en el arte moderno y contemporáneo. Tomando los nenúfares de Monet como punto de partida de esta colaboración entre el Musée de l’Orangerie y la Fundación ”la Caixa”, la muestra congrega 77 obras de grandes artistas, en su mayoría contemporáneos.
La directora de CaixaForum Barcelona, Mireia Domingo; la directora del Musée de l’Orangerie y comisaria, Claire Bernardi, y la conservadora en el Institut National du Patrimoine de Francia y también comisaria, Emilia Philippot, presentan este martesla exposición Desenfocado. Otra visión del arte.
La muestra, fruto de una colaboración entre el Musée d’Orsay, el Musée de l’Orangerie y la Fundación ”la Caixa”, pudo verse en el museo de la capital parisina desde abril de 2025 y en CaixaForum Madrid desde septiembre de 2025. A partir del 21 de mayo, la muestra se podrá visitar en CaixaForum Barcelona con una nueva puesta en escena y la incorporación de nuevas obras.
La exposición, de recorrido temático y no cronológico, reúne un total de 77 obras de arte de 58 artistas con una amplia variedad de técnicas y formatos de pintura, obra gráfica, escultura, fotografía y vídeo. Tanto la exposición de París como las muestras de CaixaForum incorporan obras de la Colección de Arte Contemporáneo Fundación ”la Caixa”.
La serie de los nenúfares de Monet introdujo el concepto de desenfoque en el arte moderno, de lo borroso e impreciso como elementos expresivos. Esta muestra explora este fenómeno, que supuso una nueva forma de representar y comprender el mundo para artistas posteriores, especialmente desde 1945 hasta hoy.
Desenfocado. Otra visión del arte cuenta con obras de artistas como Alberto Giacometti, Mark Rothko, Eva Nielsen, Claude Monet, Thomas Ruff, Alfredo Jaar, Christian Boltanski, Hans Haacke, Julia Margaret Cameron, Mame-Diarra Niang, Nan Goldin, Bill Viola y Pippilotti Rist, entre otros.
Además, en su presentación en Barcelona la muestra incorpora una obra de gran formato del pintor, acuarelista y grabador romántico inglés Joseph Mallord William Turner, procedente de la Tate. Se trata de The Harbour of Brest: The Quayside and Château (c.1826-8), un óleo inacabado en el que el artista retrata la luz sobre el agua del puerto de Brest, en Bretaña, y en el que apenas se aprecia el contorno del paisaje y de las figuras que se encuentran en el muelle, dotando al cuadro de una expresión casi abstracta.
Se incorporan también a la exposición en CaixaForum Barcelona las obras I.G. (790-3) (1993), de Gerhard Richter, que retrata la espalda desnuda de una mujer con el contorno difuminado; la inquietante Le contour vaporeux d'une forme humaine (1896), de Odilon Redon, que dibuja la silueta fantasmal de una mujer sentada con una presencia amenazante en el fondo; y Moonlight: The Pond (1906), de Edward Steichen, que muestra un bosque reflejado en un estanque.
También son novedad Soy corona en la frente de mi puerta: envidia al Occidente en mí el Oriente (serie La Alhambra) (1984), una de las descomposiciones que Soledad Sevilla hace de los patios de La Alhambra; la obra experimental realizada con rayos X Radiographie positive d’une main de momie (1989), de Albert Londe; y el intencionadamente borroso Autoportrait flou (1982) de Hervé Guibert.
La exposición cuenta con piezas de unos 50 prestadores: colecciones privadas, galerías, museos, fundaciones, artistas y particulares; y reúne una decena de obras de la Colección de Arte Contemporáneo Fundación ”la Caixa”, entre las que se encuentran las de Gerhard Richter y Soledad Sevilla, pero también las creadas por Roni Horn, Eulàlia Valldosera, Hiroshi Sugimoto, Pedro G. Romero y Perejaume, algunas de las cuales pudieron verse en la exposición estrenada en el Musée de l’Orangerie de París.
La serie de los Nenúfares de Monet, considerada durante mucho tiempo parangón de la pintura abstracta, ha sido también precursora de las grandes instalaciones inmersivas que vendrían después. Sin embargo, el efecto borroso y desenfocado que caracteriza las amplias extensiones de agua de los lienzos —y que se achacó en principio a una deficiencia ocular de Monet— nunca se había analizado. Hoy, en cambio, esta técnica de expresión artística es contemplada como una elección estética real y es el hilo conductor que recorre la muestra.
Partiendo de raíces estéticas del desenfoque en el siglo XIX y principios del XX, y siguiendo las convulsiones intelectuales, científicas, sociales y artísticas con las que creció el impresionismo, la exposición habla de lo borroso, que definido inicialmente como una pérdida de nitidez resulta ser un medio privilegiado para plasmar un mundo donde reina la inestabilidad y donde la visibilidad se enturbia.


Cinco grandes ámbitos temáticos
La muestra se divide en cinco grandes ámbitos precedidos por dos obras singulares: Condensation Cube (1963-1967), de Hans Haacke, utiliza un cubo de metacrilato y el ambiente de la sala para representar el cambio constante de cualquier organismo en su interacción con el entorno. Real Time Analog Digital Clock (2009) de Maarten Baas, muestra un falso reloj digital en el que un hombre indica manualmente la hora, pintando y borrando los dígitos cada minuto. Estas dos piezas dan paso a los ámbitos, que exploran varios temas:
- Preámbulo: La exposición sitúa a los visitantes en las raíces de la estética del desenfoque más allá de la época moderna. A finales del XIX, el impresionismo marcó un verdadero punto de inflexión que conduciría a la disolución de la figura. Explorando su yo interior, estos artistas emplearon la difuminación para revelar lo que la claridad de las visiones normalmente oculta a nuestra conciencia.
Las obras de arte que recoge esta muestra evocan las distintas facetas de ese momento fundacional. En la presentación de Barcelona, este primer ámbito incluye el óleo inacabado de Turner The Harbour of Brest: Quayside and Château (c.1826-8), en el que la luz difusa sobre el agua intuye ya la disolución de la figura que caracterizará al impresionismo. El inicio de la muestra lo preside Le Bassin aux nymphéas, armonía rose de Monet, que invita a un diálogo del arte contemporáneo con los espejos líquidos de su estanque.
- En las fronteras de lo visible: El primer ámbito propone abordar el desenfoque como un efecto para desafiar nuestros modos de percepción. Desde los límites de lo visible, a través de imágenes científicas, hasta la alteración de las referencias artísticas tradicionales, los artistas juegan con la vaguedad más que con la oposición entre representación y no representación. En este espacio conviven pinturas de Gerard Richter, Mark Rothko, Wojciech Fangor, Hans Hartung, Soledad Sevilla, Perejaume y Claire Chesnier, entre otros, con fotografías de Hiroshi Sugimoto, Thomas Ruff, Laure Tiberghien, Vincent Dulom y muchos más.
- La erosión de las certezas: En el segundo ámbito se explora lo borroso, que al principio es definido como una pérdida de nitidez y que se revela como un medio privilegiado para captar un mundo donde la inestabilidad prevalece y la visibilidad se nubla. El público se coloca en un nuevo terreno en el que los artistas proponen nuevos enfoques y hacen que su material sea transitorio, desordenado, móvil, inacabado y dudoso. Y ello a través de obras como las impactantes fotografías de Thomas Ruff, Luc Tuymans, Miriam Cahn, Nicolas Delprat, Alfredo Jaar, Christian Boltanski, Zoran Mušič, Krzysztof Pruszkowski, Philippe Cognée, Joana Hadjithomas y Khalil Joreige, Bracha Lichtenberg Ettinger, Estefania Peñafiel Loaiza y Pedro G. Romero.
- Elogio de la indefinición: La tercera sección incide en el trabajo de artistas que, reconociendo una profunda conmoción en el orden del mundo, optan por lo indeterminado, lo indistinto y lo alusivo. Lo difuso se convierte en una búsqueda de identidad. En este ámbito conviven obras de Gerhard Richter, Pipilotti Rist, Alberto Giacometti, Christian Boltanski, Eva Nielsen, Mame-Diarra Niang, Óscar Muñoz, Bill Viola, Thomas Lélu, Eulàlia Valldosera, Roni Horn y Antoine d’Agata, entre otros.
- Futuros inciertos: En el último ámbito se propone un acercamiento al modo en que lo borroso delata una inestabilidad y al mismo tiempo crea las condiciones para un nuevo encanto. Los artistas Nan Goldin, Y. Z. Kami, Léa Belooussovitch, Maarten Baas y Mircea Cantor son los protagonistas de este tramo final.

En las fronteras de lo visible
El espíritu humano insiste en esclarecer la confusión. Síntoma de nuestro malestar ante una realidad incierta, el «¿qué es esto?» ha reemplazado al «¿por qué?» de nuestra infancia. Sin embargo, esta necesidad de estructurar la realidad comporta el riesgo de limitar su sentido. El desenfoque, en cambio, se alimenta de nuestra experiencia, que se desarrolla en el tiempo y alcanza nuestro interior más profundo.
Los artistas utilizan este efecto para cuestionar nuestros modos de percepción, invitarnos a regresar a la fuente misma de la mirada y animarnos a dejar atrás la lectura unívoca de la realidad. Algunos exploran los límites de lo visible retomando el vocabulario de la imagen científica, desde la visión de lo infraleve hasta la inmensidad del cosmos (Gerhard Richter o Thomas Ruff).
Otros alteran los referentes tradicionales de la representación jugando con la indefinición más que con la oposición entre figuración y abstracción (Mark Rothko, Hiroshi Sugimoto, Hans Hartung). Y algunos ponen a prueba al espectador y estimulan con astucia su agudeza visual evocando la circularidad de la retina en sus obras en forma de diana (Wojciech Fangor, Ugo Rondinone, Vincent Dulom).
La erosión de las certezas

Es en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando la dimensión propiamente política de la estética del desenfoque empieza a desplegarse plenamente. Ante la erosión de las certezas, artistas como Zoran Mušič o Alfredo Jaar asumen la profunda convulsión del orden mundial y adoptan el desenfoque como estrategia necesaria.
Tras el descubrimiento de los campos de concentración, ante la imposibilidad de representar lo irrepresentable, el desenfoque desdibuja una realidad que la mirada no puede soportar. Nos obliga asimismo a reflexionar, ya que nos fuerza a concentrarnos en la imagen y a mirar esa realidad de frente. Al cuestionar el estatus y el valor de la imagen, los artistas proponen una visión a la vez poética y desencantada de las tragedias que han marcado la historia desde el siglo XX hasta las crisis más actuales.
El desenfoque revela así su potencia cegadora como un mecanismo de olvido, pero constituye asimismo otra forma de poner de manifiesto las atrocidades de la historia difundidas por la imagen mediática.
Elogio de la indefinición
El mundo es difuso por más que intentemos dibujar sus contornos. Sus dimensiones y sus tiempos se extienden continuamente y dificultan fijar focos definitivos, como los espejismos de Bill Viola, que nos muestran hasta qué punto pueden ser engañados nuestros sentidos. La identidad también es indefinida, está constantemente en cambio, revelando total o parcialmente sus facetas tanto a los demás como a nosotros mismos (Oscar Muñoz, Bertrand Lavier). Entre memoria incierta del pasado (Eva Nielsen) y rechazo de la representación estática del presente (Mame-Diarra Niang), el desenfoque se convierte en una búsqueda de identidad.
Resultado de cierta ingenuidad técnica, pero también garantía de espontaneidad del instante capturado, en la fotografía amateur, el desenfoque refleja la vida en su máxima realidad (Colección Sébastien Lifshitz). Permite dar cuenta de los lugares más íntimos, los más difíciles de narrar y, por eso mismo, de mostrar aquello que a menudo escapa a la mirada. En ocasiones, la vaguedad que comporta el desenfoque revela la parte animal del ser humano (Roni Horn, Pipilotti Rist).


Futuros inciertos
La relación de Y. Z. Kami con la espiritualidad, abordada a través de lugares y gestos sagrados, ofrece una posible respuesta a las incertidumbres contemporáneas. El ramo de Nan Goldin, fotografiado durante los confinamientos de 2020, destaca la belleza y la fugacidad de una cotidianidad alterada en un mundo que pierde sus referentes.
La cuestión del tiempo, ya sea el que marca el falso reloj digital de Maarten Baas o el futuro impredecible anunciado por Mircea Cantor, se presenta como objeto de contemplación y reflexión existencial. Paradójicamente, el desenfoque se convierte a la vez en síntoma y condición para una nueva motivación, signo de inquietud y espacio para la reinvención de lo posible.
La exposición cuenta con un espacio de mediación y contemplación titulado «Re-ver. Mirar el cielo con ojos diversos», que propone a los visitantes que se recuesten en un espacio cómodo y diáfano para «re-mirar» un cielo lleno de nubes sugerentes a través de unas gafas intervenidas artísticamente que distorsionan la visión y permitirán mirar de una forma imaginativa.
El cielo ha sido creado con IA generativa y las gafas permitirán ver de diferentes formas: con otros colores, con luz irisada o con una lente que enfoque más de cerca o más de lejos, o más difuminado, por ejemplo. Todo ello, emulando las capacidades visuales de animales reales y de otros inventados con el fin de que los visitantes puedan experimentar capacidades de visión múltiples.
Musée de l’Orangerie
El Musée de l’Orangerie se encuentra en el corazón de París, en el jardín de las Tullerías, rodeado por el Sena y con vistas a la plaza de la Concordia.
Entre sus colecciones se encuentra el ciclo de los Nenúfares, monumental obra de Claude Monet que fue presentada al público durante la inauguración del museo en 1927. Los Nenúfares, expuestos en dos enormes salas ovaladas, constituyen el ambicioso proyecto de un pintor que quiso descubrir todas las variaciones de la luz en su jardín de Giverny. Conocida en todo el mundo, esta obra maestra invita a una contemplación infinita.
En la década de 1960, el Musée de l’Orangerie acogió también la colección Les Arts à Paris, compuesta por obras de Renoir, Cézanne, Matisse, Picasso, Modigliani, Rousseau y Soutine, entre otros. Esta colección muestra toda la efervescencia artística de finales del siglo XIX y principios del XX.









![Henri Matisse, Le Rêve [El sueño], mayo de 1935. Centre Pompidou, Paris. Musée national d’art moderne / Centre de création industrielle AM 1979-106.](https://imagenes-mediahub.fundacionlacaixa.org/files/image_354_278/files/fp/uploads/2025/08/26/68ada56c233a2.r_d.806-1000-2196.jpeg)

