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28.04.26
7 minutos de lecturaAarón no lo tenía fácil. Su madre, Raquel, afrontó sola la tarea de sacarlo adelante sin apenas red de apoyo, sin empleo y con problemas de salud que han complicado durante años los cuidados de su hijo. Sin embargo, el optimismo y la fortaleza de ambos, junto al acompañamiento sostenido del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”, cambiaron su historia. Hoy Raquel mira con orgullo a su hijo que ha acabado el bachillerato y estudia en la universidad. En el marco del Día de la Madre, su historia refleja la importancia del cariño y de poder acceder a más oportunidades.
Raquel Blanco y y su hijo Aarón viven en un piso del distrito madrileño de San Blas-Canillejas. Conforman una familia monoparental encabezada por la madre, en situación de vulnerabilidad después de que el padre los abandonara nada más nacer Aarón, hace 18 años. A través de la asociación Achalay han recibido el apoyo CaixaProinfancia, que ha ofrecido acompañamiento socioeducativo al joven y ha impulsado la integración social de la familia.
CaixaProinfancia atiende a niños, niñas y adolescentes de cerca de 43.000 familias de toda España que afrontan situaciones de vulnerabilidad. Más del 50 % son familias monoparentales. En España se han identificado casi 2 millones de hogares con un solo progenitor (madre o padre), de los que más del 80 % están encabezados por mujeres. Es en estas familias donde el riesgo de exclusión sigue en aumento.
«Para mí ha sido muy duro ser madre soltera, sacar a un hijo sin el apoyo de un padre es difícil. Dejé de trabajar por la baja maternal y ya no he vuelto a tener un empleo», dice Raquel, una mujer de 53 años con un largo historial de problemas de salud que, sin embargo, no le han podido borrar la sonrisa.

La comunicación entre Raquel y Aarón es muy fluida. Se nota que ha sido su principal herramienta para afrontar las dificultades. «La relación con mi madre siempre ha sido muy buena. Puedo mantener conversaciones muy ricas con ella y eso es nuestro principal soporte. Si estuviese todo el día con el móvil, no crearíamos lazos. Me siento muy orgulloso, ella me ha dado seguridad para ir superando retos», dice Aarón.
Aplicado y muy querido, Aarón no tiene ningún problema en admitirlo: «Nunca ha existido en mi vida una figura paterna, pero tampoco he sentido que la necesitara. Con mi madre he conseguido gran parte de mis logros y de mis alegrías, y me ha ayudado a superar las decepciones. Mi madre es una persona que se deja la vida para que yo pueda salir adelante. Es muy resiliente», añade Aarón.
El joven es consciente de que con los años ha ido superando dificultades, pero ha logrado lo más importante para su madre: aprovechar todas las oportunidades para progresar en los estudios. Aprobó el bachillerato a la primera y ahora está terminando el primer curso del grado de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultural en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid.
Raquel no disimula su satisfacción. «En el futuro me imagino a Aarón terminando los estudios, encontrando un buen trabajo y yéndose a vivir con su novia».

Es en la enseñanza donde más se observa el impacto de la intervención de la asociación Achalay, colaboradora del programa CaixaProinfancia. «Raquel sufre enfermedades que la incapacitan para el empleo, y su gran preocupación ha sido siempre que su hijo tenga la oportunidad de salir hacia delante», explica Mar Rodríguez, trabajadora social y coordinadora de Acción Social de la entidad.
«En este caso ha sido fácil porque a Aarón le encanta formarse, se implica y es muy participativo en todas las actividades de ocio y apoyo escolar, y además es muy cuidador, tanto con su madre como con todos los compañeros para que se sientan bien y haya respeto. Es un líder muy positivo y motivador», asegura.
Achalay lleva más de 20 años acompañando a familias en situación de vulnerabilidad en el distrito madrileño de San Blas-Canillejas. Actualmente atiende a 130 familias en el marco del programa CaixaProinfancia.
La intervención de Achalay con las familias monoparentales es integral: gestionar y tramitar prestaciones y ayudas, realizar actividades socioeducativas, resolver conflictos y favorecer la comunicación familiar. En el caso de Aarón, la intervención se ha desarrollado en un aula del colegio público CEIP El Sol. «Le hemos ayudado a sacar los cursos adelante facilitándole espacios donde estudiar y resolver dudas, y sobre todo guiándolo para que decidiera hacia dónde quería tirar», comenta la técnica de Achalay. Y con su madre la acción tenía un objetivo: aliviar su situación económica, tramitar ayudas y cubrir sus necesidades básicas.
Raquel admite que su vida «ha sido un caos». Empezó trabajando muy joven en el Mercado de Maravillas, en el distrito de Tetuán. «Allí fui pescadera, frutera…, hice de todo. Y conocí a un chico con el que empecé a salir. Íbamos a bailar, lo pasábamos muy bien. Pero el día que le dije que estaba embarazada voló, desapareció. Cuando nació Aarón, nombre que significa ‘fortaleza de montaña’ en hebreo, miré su carita y supe que iba a ser un niño fabuloso. Acerté».
Poco después del parto comenzaron los dolores físicos de la madre: primero en las muñecas —«cuando era bebé apenas tenía fuerza para sujetarlo durante el baño»—, luego el hipertiroidismo, los ataques de epilepsia, las hernias en las cervicales y, por último, artrosis en la columna, enfermedad degenerativa que se está extendiendo.

A Raquel le disgusta que su hijo tenga que cuidarla cuando tiene bajones físicos. «Se responsabiliza de mis cuidados cuando soy yo la que debería estar atenta a él. Lo bueno es que Aarón nunca ha sido un chico antojadizo. Si le compraba un chándal barato, se conformaba; si no podía comprarle muchas cosas que tenían otros niños ni llevarlo de viaje, él se adaptaba».

Su madre recuerda que de pequeño Aarón era capaz de identificar una pieza de Vivaldi cuando la interpretaba un grupo de músicos en la calle. «Ahora me gusta el rock, Dani Martín, El Canto del Loco, Queen y Måneskin». Como cualquier otro chico de su edad, entre sus aficiones también están los videojuegos y el fútbol.
Aarón está ahora viviendo un momento dulce. Ha encontrado un nuevo círculo de amigos en la Facultad de Bellas Artes, tiene una red de amistades muy sólida del barrio y del instituto, y pronto cumplirá tres años de relación con Alejandra, su novia. Además, la asociación Achalay le ha ayudado a conseguir el título de árbitro de voleibol de nivel 1. «Se ha convertido en mi trabajo mientras estudio».
Reconoce la influencia de la asociación: «He conseguido mantener la cabeza donde tiene que estar, en los estudios». Y añade: «Sé lo que es bueno para mí y cómo influye en los demás».
El caso de Aarón está entre los éxitos de Achalay. La trabajadora social de la asociación confía en que saldrá adelante a pesar de la situación tan vulnerable de la familia. «Que haya conseguido llegar a la universidad y tan motivado es muy satisfactorio. Tendrá más oportunidades, seguro».
Su madre no tiene dudas. Aconseja a otras mujeres en sus mismas circunstancias que acudan a asociaciones del tercer sector. «A nosotros, CaixaProinfancia también nos consiguió material escolar, nos ayudó a comprar ropa para el colegio, en la pandemia nos recargaron dinero en las tarjetas y nos facilitaron un ordenador para que Aarón estudiara en casa. No puedo estarle más agradecida».
Y lanza un último consejo para su hijo: «Si puede ayudar a una persona, que no se lo piense porque esa persona no lo olvidará nunca».