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Un futuro lleno de oportunidades, el verdadero impacto del apoyo educativo en entornos vulnerables

Facundo Alexander García, usuario del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa”, saliendo de una de las aulas de la Fundación de la Esperanza.
Facundo Alexander García, usuario del programa CaixaProinfancia, saliendo de una de las aulas de la Fundación de la Esperanza.© Fundación ”la Caixa”

Un futuro lleno de oportunidades, el verdadero impacto del apoyo educativo en entornos vulnerables

Barcelona

10.03.26

5 minutos de lectura
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Facundo Alexander García tiene 19 años, vive en el Raval de Barcelona y estudia Hostelería. Su camino no ha sido fácil, como el de muchos jóvenes que crecen en contextos de vulnerabilidad derivados de factores de desigualdad estructural. La falta de oportunidades que él y su familia han vivido ha condicionado tanto su desarrollo académico como sus expectativas de futuro. El punto de inflexión llegó cuando entró en contacto con la Fundación de la Esperanza, entidad de la red CaixaProinfancia que acompaña socioeducativamente a niños y jóvenes vulnerables mucho más allá del refuerzo escolar.

Al cruzar la puerta de la Fundación de la Esperanza, en el barrio Gótico de Barcelona, Facundo saluda a los educadores y compañeros —muchos ya amigos— con la cercanía de quien se siente en casa. En el aula, meriendan y charlan un rato antes de comenzar la rutina de estudio. «Me gusta tener un espacio cómodo donde centrarme en los estudios y también el apoyo de los educadores que me ayudan con las actividades», explica.

Contar con un lugar estable para el aprendizaje marca una diferencia para estos jóvenes: «Muchos no disponen de un ambiente adecuado para estudiar en casa y algunas familias no pueden darles el acompañamiento necesario. Aquí pueden concentrarse y recibir el apoyo que requieren», argumenta Gabriela Macchi, educadora de la Fundación de la Esperanza.

Gabriela Macchi: «Las familias llegan con necesidades de soporte académico y social».

Las entidades que forman parte de la red CaixaProinfancia se convierten en espacios de referencia para los chicos y chicas porque su labor no se limita solo a ayudarles con los deberes: «Las familias llegan con necesidades de soporte, tanto en la parte académica como en la social: también buscan un espacio seguro en el que sus hijos puedan relacionarse y generar vínculos», afirma Macchi.

Un sostén educativo para mejorar el acceso a más oportunidades

Según el estudio La educación en la sombra en la península ibérica, del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”, en España el 25 % de los estudiantes de 6 a 18 años recibe clases particulares fuera del sistema educativo formal.

Esa necesidad de apuntar a los hijos a clases de refuerzo amplifica las desigualdades educativas al imponer una mayor presión financiera sobre las familias con pocos recursos, puesto que conlleva la reducción de su presupuesto en otras partidas. La investigación revela, por tanto, una brecha tanto en la probabilidad de asistir a las clases como en el gasto destinado a estas en función del poder adquisitivo.

La Fundación de la Esperanza atiende a familias en situación de vulnerabilidad que, según la educadora, «suelen estar además limitadas por no hablar el idioma o por el desconocimiento del entorno y del sistema educativo». Para estos niños y jóvenes, el acompañamiento de CaixaProinfancia es fundamental para superar su etapa escolar: «Es un espacio que les permite desarrollarse de forma integral y para las familias es muy importante, y así nos lo transmiten».

Declaraciones de Gabriela Macchi, educadora en la Fundación de la Esperanza, y de Raquel Lalueza, voluntaria en la entidad.© Fundación ”la Caixa”

En 2025, el programa atendió a más de 67.000 niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad en toda España ofreciéndoles refuerzo educativo, apoyo emocional, actividades de ocio y tiempo libre, y orientación profesional. De los menores atendidos, el 84,7 % logró terminar y graduarse en la ESO. Además, el porcentaje de abandono escolar entre los participantes se sitúa en torno al 3,54 %, muy por debajo del promedio en contextos vulnerables.

Las entidades, además, trabajan en red coordinándose con institutos, escuelas y servicios sociales. «Esto nos ayuda a mover otros recursos si vemos que alguien necesita apoyo adicional», apunta Macchi, subrayando el alcance global de la atención que realizan en la Fundación de la Esperanza.

En el caso de Facundo, este apoyo fue clave para afrontar sus dificultades educativas y mejorar sus habilidades de lectura y escritura, lo que le permitió avanzar en sus estudios y empezar a imaginarse un futuro profesional. «Cuando Facundo llegó a la Fundación le ayudamos a organizarse y a entender cómo gestionar sus estudios, y le orientamos para averiguar qué le gustaría hacer el día de mañana», recuerda Macchi.

Declaraciones de Facundo Alexander García, usuario del programa CaixaProinfancia de la Fundación ”la Caixa” a través de la Fundación de la Esperanza.© Fundación ”la Caixa”

Actualmente está cursando un ciclo formativo de grado medio en Hostelería, un sector que le motiva especialmente: «Mi objetivo es sacarme el título de la formación. En un futuro me veo trabajando de camarero, hablando con los clientes», asegura. 

Compartir el compromiso social: de usuario a voluntario

Además del equipo técnico y educativo, la Fundación de la Esperanza cuenta con personas voluntarias que acompañan el día a día de los jóvenes. Raquel Lalueza es una de ellas. Apoya en las clases de refuerzo y en las actividades de ocio y deporte: «Estos chicos tienen un comportamiento ejemplar: son educados, respetuosos, muy participativos y empáticos», describe. 

Raquel Lalueza: «Como ciudadanos tenemos la obligación de ayudar a las personas que no tienen una situación tan favorable para promover la igualdad de oportunidades».

Para Lalueza, el voluntariado ha sido también una escuela y le ha hecho tomar conciencia de las desigualdades de partida que afrontan muchas familias: «Creo que como ciudadanos tenemos la obligación de ayudar a las personas de la sociedad que no tienen una situación tan favorable para promover la igualdad de oportunidades», reflexiona.

Raquel Lalueza y Facundo durante una clase de refuerzo.
Raquel Lalueza y Facundo durante una clase de refuerzo.© Fundación ”la Caixa”
Raquel Lalueza, voluntaria en la Fundación de la Esperanza.
Raquel Lalueza, voluntaria en la Fundación de la Esperanza.© Fundación ”la Caixa”
Facundo Alexander frente a la sede de la Fundación Esperanza en el barrio del Raval.
Facundo Alexander frente a la sede de la Fundación de la Esperanza en el barrio del Raval.© Fundación ”la Caixa”

Ese compromiso social de los monitores y los voluntarios se traslada a los propios jóvenes. En el caso de Facundo, su vínculo con la entidad lo ha llevado a realizar la formación de monitor de ocio. Quiere formar parte del equipo en el próximo casal de verano.

Su arraigo con el barrio y la comunidad se completa con las labores de voluntariado que realiza en la Comunidad de Sant’Egidio de Barcelona, una organización que asiste a personas sin hogar: «Somos un grupo de jóvenes que ayudamos a quienes están en la calle y necesitan abrigo y comida», explica.

La familia de Facundo conoció la Fundación de la Esperanza mientras buscaba un casal para su hermano pequeño. Esa casualidad le permitió acceder a un acompañamiento integral que ha ido transformando su trayectoria, ayudándolo a superar barreras personales y académicas, y a construirse un proyecto propio de futuro. Para Macchi, la clave está en que «los jóvenes conozcan todos los recursos que tienen a su alcance no solo para superar la escolarización obligatoria, sino también para poder seguir creciendo en la vida».

Última actualización: 12 marzo 2026 | 13:11