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22.06.26
7 minutos de lecturaAitor Hermoso, un joven zamorano de 20 años que se había estancado en los estudios y no tenía experiencia laboral, ha encontrado su primera oportunidad de trabajo en la industria cárnica gracias a una formación con Incorpora. El programa de inserción sociolaboral de la Fundación ”la Caixa” impulsa cada año cerca de 40.000 contrataciones de personas en situación de vulnerabilidad, entre ellas más de 9.000 jóvenes con dificultades para acceder al mercado laboral.
Construir un proyecto de vida propio empieza casi siempre por lo mismo: encontrar un trabajo. Pero para muchos jóvenes ese camino no es sencillo. En el primer trimestre de 2026, la tasa de paro juvenil en España se situó en el 24,54 % según el Instituto Nacional de Estadística (INE). La comparación con los países del entorno tampoco ofrece un panorama favorable: según datos de marzo de Eurostat, España es el segundo país de la UE con mayor tasa de desempleo juvenil.
Cuando conoció Incorpora, Aitor Hermoso estaba repitiendo segundo de bachillerato y no tenía claro cuál sería su futuro profesional. «No tenía ningún tipo de experiencia y no sabía muy bien qué camino tomar», recuerda.
En el Centro Menesiano Zamora Joven, entidad de la red Incorpora, comenzó un itinerario personalizado de inserción sociolaboral. Con el apoyo de María Ortiz, técnica del programa en la entidad, analizó sus intereses, identificó sus fortalezas y trabajó las competencias necesarias para acercarse al mercado laboral. Como parte de ese proceso se le propuso participar en el curso de Operario Polivalente en la Industria Alimentaria, una formación alineada con sus capacidades y con las oportunidades de empleo existentes en el sector. «Decidí apuntarme sin saber mucho sobre este ámbito, pero con muchas ganas de aprender», explica.
María Ortiz explica que la principal dificultad que detectan en jóvenes con perfiles como el de Aitor tiene que ver con la «insuficiente formación y la falta de experiencia profesional». Ambos factores, subraya, aumentan el riesgo de exclusión social. «Muchas empresas buscan candidatos con experiencia previa para reducir los tiempos de adaptación y asegurarse un rendimiento óptimo desde el inicio».
Según Ortiz, esta situación puede generar desmotivación, pérdida de confianza en las propias capacidades y la sensación de no ser competente para desempeñar un puesto de trabajo. «Todo ello repercute negativamente en la autoestima y, en muchos casos, lleva a los jóvenes a cuestionar la utilidad de formarse al no obtener oportunidades laborales, precisamente por la experiencia que exige el mercado», señala.
El curso, realizado a través del programa Incorpora, se organizó con la colaboración de siete empresas del sector de la alimentación, entre las cuales estaba Melquiades, dedicada a la fabricación y venta de embutidos.
Melquiades Rodríguez, dueño de la empresa, asegura que la adaptación de los jóvenes que llegan del programa Incorpora es muy rápida. «Vienen muy motivados y con una dosis de responsabilidad muy alta; quieren aprovechar la oportunidad y se les nota».
Gracias a este curso, Aitor pudo entrar en el mundo de la industria cárnica y láctea, conocer el funcionamiento de las fábricas por dentro y optar a unas prácticas en el sector.
María Ortiz, técnica de la entidad, explica que realizaron un seguimiento diario para que las prácticas fueran lo más fructíferas posible. «Aitor se dejó guiar en todo momento, mostró una actitud proactiva y se implicó en el proceso de aprendizaje», asegura.


Ortiz mantuvo además un contacto continuo con la empresa durante todo el periodo de prácticas mediante entrevistas regulares con el responsable del negocio. «Ofrecemos un acompañamiento integral, tanto a los participantes como a las empresas que colaboran con Incorpora, actuando como puente entre ambas partes».
La experiencia con Aitor fue muy satisfactoria. Tanto es así que cuando finalizó las prácticas le ofrecieron un puesto de trabajo temporal. Aitor aceptó «muy contento» y con ganas de demostrar todo lo aprendido. Al final, su esfuerzo y dedicación dieron sus frutos: hoy cuenta con un contrato indefinido en Melquiades Rodríguez y, como subraya Ortiz, «ha demostrado que las ganas de aprender, una actitud proactiva y el esfuerzo pesan más que la edad y la falta de experiencia inicial».
Aitor lleva ya varios meses en la fábrica y sigue aprendiendo cada día. Su trabajo consiste en preparar distintos embutidos junto a uno de sus compañeros mediante una máquina especializada y colgarlos luego en perchas para su proceso de curación. «Mis compañeros de trabajo me han ayudado mucho desde que llegué», asegura Aitor, que incide en que ha podido aceptar el puesto porque uno de ellos le lleva todos los días en coche desde Zamora y lo acerca de vuelta a casa al mediodía.

El empresario cuenta que la experiencia con Aitor ha sido positiva desde el primer día. «Aprendió muy rápido, se hizo responsable de todas las tareas que le adjudicaban y destacó en el grupo desde el principio», afirma. El joven adquirió la autonomía suficiente para hacer los trabajos de manera rápida y eficaz sin necesitar supervisión constante. Rodríguez destaca también su «carácter especialmente afable» y asegura: «Perfiles como el de Aitor nos dan aún más confianza en el programa Incorpora y en las personas que lo llevan a cabo».
Ortiz detalla que en el Centro Menesiano Zamora Joven, siguiendo la metodología de Incorpora, combinan intervenciones individuales y grupales adaptadas a las necesidades, capacidades y características de cada joven. «Esta cercanía favorece el fortalecimiento de la autoestima y la activación de sus habilidades, y las orienta hacia un objetivo común: formarse y acceder a un empleo digno», señala.
La colaboración estrecha del programa Incorpora con las empresas es imprescindible para garantizar que los jóvenes accedan a una formación de calidad, impartida por profesionales especializados y alineada con las necesidades reales del tejido empresarial. Melquiades Rodríguez, por su parte, recomienda participar en el programa a todas las empresas. «La base de una empresa es vender un producto y obtener un beneficio, pero también tenemos una responsabilidad social».
Para Aitor, haber participado en Incorpora ha supuesto una puerta abierta a una vida que no imaginaba. Para un joven que no había terminado de estudiar y que no contaba con ingresos, conseguir este trabajo le ha cambiado la vida. «Ahora tengo un sueldo que me permite ayudar un poco en casa y me da la opción de independizarme, entre otras muchas cosas que antes no habría podido conseguir sin ayuda», explica. Con el empleo llegó algo más que un sueldo: «Ahora puedo tener un proyecto de vida».
En España, uno de cada tres niños crece en contextos marcados por la pobreza y la falta de oportunidades, mientras que uno de cada cuatro jóvenes que quiere trabajar no encuentra empleo. Las dificultades económicas, el abandono escolar, el desempleo juvenil o la precariedad siguen condicionando el presente y el futuro de miles de familias vulnerables.
Para contribuir a romper este círculo de desigualdad, la Fundación ”la Caixa” impulsa programas de acompañamiento socioeducativo y acceso al empleo para infancia y juventud vulnerable, como CaixaProinfancia, Incorpora Joven, las Becas de Grado, las Convocatorias de Proyectos Sociales o las iniciativas Más Infancia y Más Empleo Joven.
Cada año, más de 140.000 niños, adolescentes y jóvenes reciben apoyo a través de estos programas, desarrollados junto a una amplia red de entidades sociales. En 2026, la Fundación ”la Caixa” destina más de 700 millones de euros a transformación social para actuar allí donde las necesidades son más urgentes.
«La vulnerabilidad es cada vez más compleja y exige respuestas que vayan más allá de las ayudas económicas. Hace falta un acompañamiento integral y sostenido para que niños, jóvenes y familias puedan acceder a oportunidades y construir un futuro mejor. Solo así es posible romper dinámicas de exclusión que se perpetúan de generación en generación», asegura el subdirector general de la Fundación ”la Caixa”, Marc Simón.