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Joan Cruz descubrió a los 7 años que tenía una dificultad para leer y escribir mayor que sus compañeros. No era falta de interés, sino dislexia. Con el diagnóstico y el apoyo adecuado comenzó una trayectoria que lo llevó a doctorarse en Neurociencias. Su camino estuvo marcado por la investigadora Luz Rello y su herramienta Dytective, que la Fundación ”la Caixa” ha puesto ya a disposición de 5.795 colegios en toda España. Hoy, Joan es profesor en Huesca y un referente para jóvenes con dislexia como Izan, uno de sus alumnos.
«Soy disléxico y me siento orgulloso de serlo. Me cuesta leer y escribir, pero hago otras cosas espectacularmente bien». Joan Cruz tardó algún tiempo en aprender a dirigir su mirada hacia todas las habilidades que tenía, debido, seguramente también, a ese trastorno del aprendizaje que le provocó más de un problema en las aulas antes de los 7 años.
Ahora, a sus 29, Joan se explica: «Me gusta la espontaneidad, la parte creativa del cerebro, conecto conceptos y soy bastante intuitivo. Puedo percibir bastante bien cómo llegar al alumnado. En mi trabajo actual, esto es una ventaja muy grande».
La historia de este profesor de Ciencias del colegio San Viator de Huesca es el cierre de un ciclo perfecto: en su niñez, aprender le suponía un esfuerzo extra. «Y tuve suerte porque mi diagnóstico fue temprano, a los 7 años. De primeras, saber lo que tienes asusta porque dices: “¿Qué quiere decir eso? ¿Qué me pasa? Soy diferente al resto”. Después sientes alivio al entender que no es por tu culpa, que no significa que no trabajes lo suficiente».
Ocurre, en paralelo, algo crucial, que es que los padres entienden lo que le sucede a su hijo y a partir de ese momento cambian su mentalidad y su forma de proceder. «Comprenden que su hijo no es vago y que sí se esfuerza. Tener un diagnóstico de dislexia es una tranquilidad para todos, para el alumno y para la familia», afirma Joan.



La vida de este docente quedó marcada por un antes y un después el día que conoció a Luz Rello, lingüista, doctora en Ciencia Computacional por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, a quien diagnosticaron dislexia a los 10 años. Joan destaca de Luz que abraza la dislexia «con mucho cariño» y un profundo respeto. Su admiración por la investigadora va más allá: «Luz fue mi luz, literalmente. Fue la primera persona fuera de mi familia que confió en que yo podía conseguir lo que quisiera».
Rello es la fundadora de Change Dyslexia y cocreadora de Dytective, la herramienta digital validada científicamente en castellano y dirigida a impulsar la inclusión educativa mediante la estimulación de la lectura y la escritura en estudiantes con y sin dificultades en este ámbito, incluida la dislexia. La herramienta ya está presente en más de 5.700 centros educativos de toda España gracias al impulso de la Fundación ”la Caixa”.
Joan participó como voluntario en Dytective en su versión en castellano. Además, también colaboró en la realización de los test para su versión en catalán. Joan ha visto crecer la herramienta y su metodología. Al entrar en contacto con Change Dyslexia, Joan empezó a trabajar lo que es, en su opinión, el punto de partida «básico»: «Aceptar que hay cosas que no se me dan tan bien y normalizarlo». Para Joan esto tiene una importancia trascendental: «Cuando te quieres tal y como eres, te da autenticidad».
Tras las ponencias y jornadas a las que Luz lo invitó, el joven comprobó que había otras personas como él, que se tenían que esforzar el doble o el triple para llegar donde otros llegan con mayor facilidad, pero que, aun así, también podían lograrlo. «Donde estoy ahora no me lo habría imaginado nunca», reconoce Joan tras un proceso que ha sido «largo», admite, pero que lo llevó a doctorarse en Neurociencias en la Universidad del País Vasco (EHU) y a ser profesor en las aulas del San Viator. La experiencia de entrar en 2025 como tutor del Programa de Aprendizaje Inclusivo (PAI) en este centro le ha regalado una «satisfacción» colmada.

Se estima que la dislexia afecta a un 10 % del alumnado y que, sin un abordaje adecuado, puede reducir su rendimiento académico y aumentar el riesgo de abandono escolar.
Para reducir las barreras socioeconómicas que dificultan el acceso a la reeducación, el impulso de la Fundación ”la Caixa” permite a los centros educativos de primaria y secundaria de toda España acceder de forma gratuita a Dytective.
Desde el inicio de la colaboración, la herramienta ya se ha implantado en 5.795 centros educativos de España, 1 de cada 4, y ha llegado a más de 73.100 alumnos. Desde el curso pasado y durante los próximos 4 años, la entidad destinará hasta 2,2 millones de euros a ofrecer gratuitamente Dytective a todos los colegios de España, con potencial para alcanzar a 2,7 millones de estudiantes. Entre los muchos ejemplos de centros que apuestan por Dytective está el del colegio rural de Alpartir (Zaragoza) o este de San Viator.
Izan Bonilla fue alumno de Joan el curso pasado. Este estudiante de 14 años sabe desde los 5 que tiene dislexia y trabaja para no dejar de estudiar, aunque reconoce que hubo un momento en que se vio tan justo de fuerzas que dudó en conseguirlo. «Me costaba entender las palabras que leía, las mezclaba y las confundía. Y al final, el examen me salía desastrosamente mal. Pensé que estudiar no era para mí».
Por experiencia, aconseja a los niños que descubren ahora que tienen dificultades para leer y escribir que no se dejen llevar por la impresión inicial. «Al principio puede parecer aterrador y claro que vas a tener dificultades, pero cuando logres mejorar en tu ámbito de la dislexia vas a conseguir lo que te propongas».

El adolescente muestra cómo funciona la herramienta, muy intuitiva, y cómo registra cada uno de sus avances. El método de aprendizaje con Dytective es sencillo, con una tableta. Contiene más de 42.000 ejercicios en castellano y más de 28.000 en catalán, que se adaptan al perfil de cada alumno. El progreso es gradual, el propio alumno puede comprobar los resultados en primera persona, pues se avanza de forma autónoma. Izan ordena sintagmas, grafías, números…
Su ejemplo, su Luz Rello en este caso, es Joan Cruz. «Si él ha podido, ¿por qué no yo?», se pregunta y repite hoy en voz alta. «Yo no fui jamás de leer. Como al resto de los niños, mis padres también me presionaban para que lo hiciera». Le costaba un mundo, admite Izan. «Entonces Joan me dejó unos libros, un cómic con un muñecajo que atraviesa unas aventuras…, y me leí la saga en cinco días. No me presionó, iba a mi ritmo».
Cuando me dieron la herramienta Dytective pensé lo mismo: «Otra cosa más con la que me van a presionar». El joven con dislexia temía la frustración hasta que observó los resultados por sí mismo. «La primera vez te cuesta muchísimo, pero luego vas cogiendo carrerilla y no paras».

Antes de eso, Izan también transitó su recorrido particular. Fue en primaria cuando lo pasó peor. El año pasado, Joan se presentó ante los estudiantes con unas diapositivas. Fue pasando una tras otra revelando sus gustos personales y aficiones, como el deporte, hasta que llegó a la última: «Soy disléxico», admitía el profesor, descubriendo su gran vulnerabilidad. Entonces Izan pensó: «Y yo también», así que empezó a preguntar al docente aquello que no se había atrevido a expresar hasta ese día para no quedar mal dentro del grupo o por el «miedillo» a que lo tildasen de holgazán o de poco estudioso.

Lo dice mientras usa Dytective con total desparpajo y seguridad. Y suelta el chascarrillo de su profesor de Música al observar los progresos sociales que hace Izan: «También canta muy bien». Al descubrir qué es lo que les sucede también se les cae la careta de la vergüenza ante los demás. Si la fragilidad ya no es tal, entonces, ¿por qué no ser como uno es?
Tratar la dislexia desde las primeras etapas es clave para mejorar tanto el rendimiento escolar como el bienestar social del alumnado. De hecho, el uso de Dytective en su versión en castellano ha demostrado científicamente mejoras en los resultados de las pruebas externas LOMCE en Lengua e Inglés, tanto en tercero como en sexto de primaria, de acuerdo con una investigación dirigida por Almudena Sevilla e Ismael Sanz Labrador. Asimismo, un estudio ha observado importantes avances en aspectos no cognitivos como la autoestima, la perseverancia y el autocontrol.
Joan se muestra orgulloso de su alumno, en quien, por razones más que evidentes, se ve reflejado. «Esa espontaneidad que tiene Izan, su naturalidad, sus ganas… me recuerdan que una de las grandes fortalezas que te da la dislexia es la de no rendirte. A mí no me daba miedo no acabar siendo un buen científico, pero sí no acabar siendo un buen profesor. Quiero devolver lo que a mí me han dado estos años y dar esperanza a mis alumnos disléxicos, aunque pasen por momentos complicados».
Izan es la prueba viviente de que eso es posible. «Joan me ha ayudado a cambiar mi forma de pensar y a afrontar mejor los problemas con el tema de la dislexia. Se acerca, me explica, entiende que tengo dificultades y me ayuda». Ahora «apunto alto», apostilla el muchacho.