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10.02.26
9 minuts de lecturaEnvía tus preguntas a:
Jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del
Hospital Germans Trias i Pujol e investigador principal del Grupo de Genómica
Microbiana de IrsiCaixa
Catedrático de Proyectos Arquitectónicos en la Universidad de Zaragoza
Solicitar entrevistaLas becas de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa” han dado a miles de personas la oportunidad de formarse en algunas de las mejores universidades y centros de investigación del mundo. Es el caso de Roger Paredes, Eulàlia Alemany e Iñaki Bergera, que disfrutaron de la beca en los años 90 y la primera década del 2000, y que de vuelta en España contribuyen al progreso social desde la medicina, el tercer sector y la arquitectura.
Roger Paredes dirige el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y trabaja como investigador principal en IrsiCaixa. Eulàlia Alemany coordina estudios sobre las situaciones de riesgo social para los jóvenes al frente de la Fundación FAD Juventud de Madrid. Iñaki Bergera es catedrático de Arquitectura y analiza su relación con la fotografía en la Universidad de Zaragoza. Estos perfiles con trayectorias tan diferentes tienen un punto en común: fueron seleccionados como becarios por el programa de Becas de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa”.
La directora adjunta del área de Becas, Investigación e Innovación de la institución, Paola Isetta, afirma que las becas de posgrado «fomentan una movilidad que es clave para generar intercambios de conocimiento y construir puentes entre instituciones y empresas internacionales». También señala que, para la mayor parte del talento que pasa por este prestigioso programa, «las becas son un punto de inflexión que les cambia la vida».

Roger Paredes cuenta que, desde pequeño, siempre ha estado muy interesado en el conocimiento. En 1991 empezó a estudiar Medicina y Cirugía en la Universidad Autónoma de Barcelona y ya en primero de carrera pidió al profesor Josep Maria Domènech, catedrático de Anatomía que le dejase ayudarlo en sus experimentos de embriología. Después, en 1993, inició sus estudios clínicos en el Hospital Germans Trias i Pujol, en Badalona. Eran los tiempos en los que la epidemia del VIH estaba en su peor momento, así que quiso arrimar el hombro en los esfuerzos contra este virus junto al equipo del doctor Bonaventura Clotet.
«Entendemos la medicina como una cosa muy acabada, con unas ideas muy claras. Y sí que sabemos mucho, pero en todas las enfermedades la investigación aún es absolutamente esencial: es muy evidente en el campo de las enfermedades infecciosas, pero también en las neurológicas, el cáncer, etc.», reflexiona el médico. Eligió el VIH por los aspectos biológicos, pero también por su dimensión social: por las necesidades que tenían unas personas que vivían muy estigmatizadas al contraer el virus.
Tras una década en el hospital vio la necesidad de «salir fuera a aprender de otra gente». Escogió la Universidad de Harvard por las investigaciones que se estaban desarrollando allí sobre la resistencia del VIH a los medicamentos. Y consiguió para esa estancia una beca de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa” (2005-2007) que dio un impulso «enorme» a su carrera. «Gracias a ella pude empezar a trabajar con grupos internacionales con los que aún trabajo, y además empecé una investigación que todavía dura hoy en día. Me abrió a un mundo enorme», valora.
Defiende que, además de lo estrictamente profesional, le aportó mucho entrar en contacto con personas de otras disciplinas que también habían recibido la beca de la Fundación. «Una característica de los becarios que conocí era que, cuando hablabas con ellos, en vez de contarte primero lo interesante que era lo que hacían, siempre te decían: “¡Qué interesante es lo que haces tú!”», recuerda.

Otorga valor al intercambio con «personas externas a tu propio campo y que son capaces de comprender que, por ejemplo, la economía es fundamental en la curación del VIH o que la arquitectura puede también afectar a cómo viven las personas». «Fue una época absolutamente creativa que me dio muchas ideas que sigo aplicando hoy: una experiencia espectacular», valora este investigador, que en la actualidad dirige el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol además de trabajar como investigador principal en el Grupo de Genómica Microbiana de IrsiCaixa.

Eulàlia Alemany también pasó por Harvard, pero 14 años antes. Venía de estudiar Pedagogía «por vocación» en la Complutense de Madrid, donde ya vio claro que quería dedicarse a la investigación.

Terminó la carrera a finales de los años 80, en un momento de crisis económica que le impidió encontrar un empleo en el campo de la educación: «Trabajé en cosas tan variadas y extrañas, como en la Bolsa de Londres, comprando y vendiendo acciones, porque como tenía idiomas era una cosa fácil de hacer». Hasta que pidió la beca de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa”.
La solicitó, se la concedieron y empezó una etapa que recuerda como «una maravilla»: «Muchas veces pienso que ojalá pudiese volver otra vez a estudiar allí, porque realmente lo que hacías durante dos años era aprender y escuchar».
Describe Harvard como «un microcosmos muy diferente» a lo que había conocido hasta entonces. «El primer aprendizaje fue la diversidad. Había una cantidad enorme de personas de orígenes, razas y religiones diferentes, mientras que España era monocromática». El segundo fue el feminismo: «Tuve de profesora a Carol Gilligan, una de las feministas más punteras en ese momento. Pude entender lo que eran las perspectivas diferentes y la perspectiva de género». A esos dos aprendizajes añade un tercero muy práctico: «Aprender a leer rápido. Eso me lo he llevado para siempre».
Para Alemany, esa oportunidad en Harvard fue el punto de inflexión que le permitió dedicarse a su vocación. «Si no fuera por la beca de la Fundación ”la Caixa”, no sé qué hubiese sido de mí, si hubiese sido agente de bolsa en Londres o no sé muy bien qué», reconoce. Cuando volvió, esos estudios que cursó en Estados Unidos le abrieron puertas: «En el año 1993, poca gente podía decir con la edad que yo tenía que había estado en Harvard estudiando un máster».

Tras ese regreso a España empezó a trabajar en FAD Juventud, con sede en Madrid, una fundación que para entonces se dedicaba a la lucha contra la drogadicción y que, con el tiempo, se ha abierto a abordar la juventud desde una perspectiva más general. Hoy es la directora de innovación de esa entidad, que desarrolla investigaciones sociológicas y acciones de prevención y sensibilización sobre adicciones, violencias y otras situaciones de riesgo para la juventud.

Una formación que da frutos a largo plazo
Los becarios y becarias del programa son seleccionados por su «excelencia académica», explica Isetta, pero, sobre esa base, lo que más se valora son las entrevistas personales: «El potencial y la motivación que ese aspirante demuestre en esos 20 minutos es clave para detectar esa chispa que hace que alguien destaque de verdad», declara.

Iñaki Bergera se enfrentó a ese proceso hace ya 25 años. Después de graduarse en Arquitectura en la Universidad de Navarra, estaba desarrollando su doctorado en ese mismo centro cuando solicitó la beca de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa”.
«La formación académica de las escuelas de arquitectura españolas estaba muy anclada en la parte profesionalizante. Los maestros formaban a los arquitectos a través no tanto de un cuerpo teórico como de la potencia de la obra construida. Yo veía que me faltaba profundizar en los aspectos teóricos y conceptuales», recuerda. Lo logró gracias a esta beca, con la que se fue a Estados Unidos y estudió un máster en Teoría e Historia de la Arquitectura también en Harvard.
«Por la demanda, la competitividad y el prestigio de estas becas, piensas que no vas a tener la suerte de recibirla. Cuando se te concede esa oportunidad, es una ilusión terrible», rememora.
En Harvard recibió una formación que «te amuebla la cabeza, te enseña a mirar de otra manera y te da un conocimiento mucho más poliédrico y holístico». Cree que los frutos de esa estancia no se recogen en el corto plazo, sino con el tiempo. «El paso por Estados Unidos y sus prestigiosas escuelas de arquitectura te da una manera de pensar y te hace conocer a gente extraordinaria, tanto profesores como colegas internacionales», valora. Define su paso por esa universidad como «una experiencia excepcional en lo personal y también desde el punto de vista de la madurez intelectual».
Al terminar el máster volvió a España, fiel a la filosofía de «think global, act local». «Necesitaba esa experiencia americana, pero me interesaba tener ese conocimiento y ese contacto directo con la vanguardia intelectual y académica de Estados Unidos para regresar a España, para que esa experiencia incidiera en el entorno próximo», explica. «Me parecía que toda mi fascinación por ese país y mi voluntad de sacar lo mejor de aquella estancia repercutiría mejor volviendo, también para retornar lo que había recibido, en este caso de la Fundación ”la Caixa”, en el contexto cercano», precisa.
Bergera se doctoró en Navarra y, cuando la Universidad de Zaragoza implantó los estudios de arquitectura, empezó a dar clases en ella. Como catedrático de Proyectos Arquitectónicos, compagina las clases con la investigación y explora las relaciones entre la arquitectura y la fotografía.

Al echar la vista atrás ve su beca como una etapa clave: «El tiempo pasa y aquellos años ya lejanos los veo como un momento fundamental de mi vida». Ahora confía en que «las nuevas generaciones de becarios sigan respondiendo a esa oportunidad con el mismo entusiasmo y con la misma responsabilidad» de quienes —como él, Eulàlia Alemany o Roger Paredes— pasaron por el programa hace dos o tres décadas y desde entonces devuelven con creces a la sociedad el impacto positivo de lo que aprendieron.
Las trayectorias profesionales de estos tres becarios ilustran que la excelencia académica, unida a la oportunidad de formarse en entornos internacionales, se convierte en innovación, conocimiento compartido y compromiso social. Desde 1982, el programa de Becas de posgrado en el extranjero —uno de los más emblemáticos de la Fundación ”la Caixa”— ofrece la posibilidad de cursar másteres y doctorados o realizar investigaciones predoctorales en las mejores universidades y centros de Europa, América del Norte y Asia-Pacífico. Hasta hoy, más de 6.400 personas han disfrutado de esta experiencia transformadora y muchas de ellas lideran en la actualidad proyectos científicos, tecnológicos, sociales o empresariales de referencia.