CaixaForum Barcelona rastrea la huella de la historia del arte en la creación contemporánea
22.09.26
13 minutos de lecturaCaixaForum Barcelona presenta Una fuerza del pasado, una muestra de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa” que rastrea la huella de la historia del arte en la creación contemporánea.
La exposición reúne 37 piezas, 32 de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa” y 5 préstamos, para explorar la relación viva y cambiante entre creadores de las últimas décadas y figuras clave de la historia del arte, y revelar que el pasado es un territorio fértil para la creación actual.
La directora de CaixaForum Barcelona, Mireia Domingo, junto con los comisarios Carlos Martín, historiador del arte, y Nimfa Bisbe, directora de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa”, han presentado este martes Una fuerza del pasado, una exposición fruto de un proceso de investigación que rastrea en la colección referencias, ecos y conexiones con obras del pasado, algunas evidentes y otras apenas insinuadas.
La exposición, que abrirá sus puertas al público este miércoles 23 de septiembre de 2026 y podrá visitarse hasta el 10 de enero de 2027, reúne 37 piezas de pintura, escultura, fotografía, vídeo e instalación que muestran cómo numerosos artistas contemporáneos han encontrado en la historia del arte una fuente inagotable de inspiración.
A través de ellas, los visitantes descubrirán las múltiples formas en que creadores como Cindy Sherman, Mike Kelley, Sherrie Levine, Tacita Dean, Robert Mangold, Jorge Pardo, Julião Sarmento o Javier Arce reactivan imágenes, motivos y soluciones visuales procedentes de obras del pasado, se los apropian o los reformulan.
La propuesta no presenta el pasado como una herencia inmóvil ni plantea la tradición y la innovación como términos opuestos. Al contrario, demuestra que una forma, un gesto o una composición pueden reaparecer siglos después desplazados a otro medio, otra escala y otro contexto. Mirar atrás se convierte así en una manera de imaginar nuevas imágenes y de interrogar las que ya forman parte de la memoria colectiva.
El pasado como archivo vivo
La creación artística nunca surge de un vacío. Cada obra dialoga, de manera explícita o soterrada, con imágenes, ideas y formas anteriores. Una fuerza del pasado parte de esa continuidad para mostrar la historia del arte como un archivo vivo abierto a la revisión, el conflicto y la reinvención. En las piezas reunidas, el pasado no desaparece: regresa transformado para activar preguntas que resuenan en el presente.
El título de la exposición procede de un verso de «Poesías mundanas», poema que Pier Paolo Pasolini escribió en 1962 y que publicó en el libro Poesía en forma de rosa (1964). Con esta referencia en mente, el itinerario se abre con un fragmento de La ricotta (1963), la película en la que Orson Welles, en el papel de un director de cine, recita precisamente esos versos. La secuencia funciona como puerta de entrada de la exposición: Pasolini reivindica una relación intensa con la tradición, no solo por nostalgia, sino también porque encuentra en ella una herramienta para comprender su tiempo.
Esta es una idea que atraviesa toda la muestra y que no se limita a identificar influencias en distintas obras de arte, sino que atiende también a las distintas estrategias llevadas a cabo por cada artista, desde la cita y la copia hasta la apropiación, la hibridación y la versión, así como al posicionamiento que adopta frente al referente: homenaje, ironía, crítica, parodia, inspiración o actualización.
El resultado no es una genealogía lineal, sino una red de relaciones en constante movimiento facilitada por la selección de obras de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa”, construida a lo largo de cuatro décadas.
Un recorrido abierto por la historia del arte
Como resultado de una decisión consciente, Una fuerza del pasado no está dividida en capítulos temáticos. La intención es evitar interpretaciones y lecturas cerradas de antemano, e invitar a los visitantes a construir sus propios recorridos y a descubrir conexiones entre piezas que, a primera vista, parecen pertenecer a universos alejados.
Para favorecer esta interpretación autónoma de las piezas expuestas, todas las cartelas incorporan una imagen de la obra que sirve como referente, así como un comentario que explica su relación. Este recurso permite seguir el proceso creativo de cada artista y entender si la conexión se basa en la iconografía, la composición, la técnica, la escala, el material o el contexto cultural.
El diseño expositivo responde a la escala y la diversidad de las obras. Los espacios de CaixaForum Barcelona se han liberado para facilitar una circulación cómoda y dar protagonismo a piezas de gran formato.
El montaje combina superficies pictóricas de más de 5 metros, fotografías, esculturas, películas de 16 mm, animaciones multicanal y grandes instalaciones que modifican físicamente la relación del público con la sala.
Es el caso de La trayectoria de la luz en la caverna de Platón, realizada por Mike Kelley entre 1985 y 1996, una pieza de gran tamaño que adopta la forma de una cueva y que obliga al espectador a entrar en ella caminando a gatas para experimentar en primera persona la metáfora de la creación de imágenes presente en la caverna platónica.
Selección: seis encuentros entre tiempos
Las relaciones presentes en la exposición se pueden ejemplificar a través de algunas obras destacadas:
Plano curvo / Figura XI (1995), de Robert Mangold, parte de un dibujo que Jacopo Pontormo realizó en 1518 para un fresco con la representación de Santa Cecilia. El artista minimalista elimina los personajes y la narración religiosa, pero conserva la tensión diagonal, la curva y la relación con la arquitectura. El resultado es una pintura de 5,5 metros de ancho que funciona como un diálogo entre la figuración y la abstracción. La referencia demuestra que una forma del pasado puede persistir manteniendo la composición sin conservar su iconografía.
En Sin título, n.º 228 (1990), Cindy Sherman interpreta a Judit, la heroína bíblica que decapita a Holofernes. La fotografía no remite a una obra concreta, sino a diferentes estilos de artistas del pasado que abordaron este tema: Botticelli, Mantegna, Caravaggio o Artemisia Gentileschi, que forman parte del imaginario occidental. El vestuario teatral, el maquillaje y la prótesis visible de la cabeza decapitada subrayan la artificialidad de la escena y cuestionan los modelos heredados de feminidad, heroísmo, violencia y representación.
First Easy Piece (2013), de Julião Sarmento, toma como punto de partida la Bailarina de catorce años (1880‑1881), de Edgar Degas. La joven modelo y el tutú de tela de la escultura de referencia se transforman aquí en una figura adulta y desnuda producida mediante escaneo corporal e impresión 3D. El paso de la cera y del modelado manual a las capas de plástico abre preguntas sobre la presencia del cuerpo, la reproducción mecánica y lo que hoy entendemos por originalidad escultórica.
En Lección de anatomía (2007), Javier Arce recupera uno de los grandes iconos de la pintura occidental: La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp (1632), de Rembrandt. La obra pertenece a la serie Estrujados, que consiste en grandes iconos de la historia del arte reproducidos con una estética de fotocopia sobre un papel de alto gramaje, comprimidos y recuperados después. La superficie arrugada convierte la solemnidad del original en una imagen aparentemente defectuosa y de usar y tirar. La anatomía examinada ya no es la del cadáver de la obra de Rembrandt, sino la del estatus del arte en una cultura contemporánea repleta de reproducciones.
Sin título (2015), de Jorge Pardo, coloca un crucifijo de madera, creado originalmente para una iglesia de Leipzig, sobre un fragmento de la moqueta diseñada por John Baldessari para una exposición dedicada a René Magritte. El cielo de nubes remite al universo del pintor belga, mientras que la forma del crucifijo puede recordar una aeronave. La imagen, casi un readymade a la manera de Duchamp, oscila entre el simbolismo, la decoración, el diseño, la tecnología y la cultura cotidiana.
En Gellért (1998), Tacita Dean filma mediante planos fijos el balneario de Budapest del mismo nombre. La obra evoca La fuente de la juventud (1546), de Lucas Cranach el Viejo, pero sustituye el milagro del rejuvenecimiento por una escena real de convivencia, descanso y aceptación de cuerpos reales no normativos. El formato analógico, hoy cercano a la obsolescencia, refuerza la atención a la fragilidad y convierte la película en una suerte de pintura en movimiento que exige una contemplación pausada.
Los maestros españoles y la influencia de Duchamp
Pese a que la muestra ha sido concebida para facilitar un recorrido autónomo, sin capítulos ni secciones, en algunos espacios se reúnen relaciones entre las piezas expuestas.
Es el caso de las obras que dialogan con figuras centrales del arte español, como Velázquez, Goya, Picasso o Miró. La muestra reúne, por citar solo algunos ejemplos, Meninas IX (1982), de Soledad Sevilla, en la que la artista no se centra en las figuras de la célebre obra de Velázquez, sino en elementos que suelen pasar inadvertidos, como la luz y el espacio. Convive con este lienzo Las meninas de Picasso (1973), de Richard Hamilton, un tributo al pintor malagueño a través de la reinterpretación que este hizo del óleo de Velázquez.
Otras referencias cruzadas a maestros españoles corren a cargo de Equipo Crónica, de quienes se incluye en la muestra Aquelarre (1969), una reinterpretación con una fuerte carga política de La romería de San Isidro (1820‑1823), de Goya, al que se añade la bombilla incandescente del Guernica (1937) de Picasso. Esta última obra también está presente en El embalaje (1969), una referencia velada a la censura y también al fenómeno contemporáneo de la idolatría hacia determinadas obras de arte.
Marcel Duchamp, por otro lado, actúa como un centro con el que dialogan muchas de las obras presentes en la exposición. El trabajo del artista, fundamental en el cambio de paradigma del arte moderno, permite pensar en la idea de la copia, la autoría, el museo y la transformación de la vanguardia.

El trabajo del artista francés sirve de referencia en Los solteros (a partir de Marcel Duchamp) (1990), en el que Sherrie Levine extrae de El gran vidrio (1915‑1923) a los llamados «solteros» que aparecen en la obra, los convierte en esculturas de hierro y los encierra en vitrinas de museo. La puesta en escena puede leerse como un homenaje, pero también como una parodia: la vanguardia rebelde aparece convertida en reliquia, el gesto radical se institucionaliza.
El diálogo con Duchamp se amplía en otras obras, como Vivre et laisser mourir ou la fin tragique de Marcel Duchamp (1965), un políptico de cuatro piezas de Eduardo Arroyo, Antonio Recalcati y Gilles Aillaud. El título hace referencia a la actitud de Marcel Duchamp ante la sociedad en los últimos años de su vida, cuando optó por el silencio y por dejar de trabajar en un momento en el que, para Arroyo y sus compañeros, urgía el compromiso político con el presente. La pieza, prestada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, narra a modo de thriller televisivo una fantasía acerca de la muerte violenta de Marcel Duchamp que simboliza el asesinato de una figura referente para muchos artistas.
La caja en una maleta: proyecto de mediación
Duchamp es también el protagonista del proyecto de mediación, que permite a los visitantes profundizar en el diálogo con las obras de arte. Dos propuestas participativas —una dirigida al público familiar e infantil y otra al público general— utilizan artefactos portátiles inspirados conceptualmente en La Boîte-en-valise (1936-1968), de Duchamp. Esta obra, incluida en Una fuerza del pasado, suele considerarse una especie de retrospectiva miniaturizada que el propio Duchamp hizo de su carrera. En una maleta de cuero reunió una selección de reproducciones de sus obras configurando una suerte de exposición portátil.
Un artefacto que los visitantes pueden recoger antes de entrar en la exposición actúa como catalizador que activa distintas maneras de mirar y relacionarse con las obras.
- Público familiar e infantil. A partir de una selección de imágenes y de consignas abiertas, la propuesta para familias anima a establecer relaciones narrativas, visuales, emocionales y sensoriales entre algunas de las obras, por ejemplo, entre aquellas que implican movimiento o sugieren acción, o entre las que invitan a mirar de cerca y de lejos. La actividad cuestiona la idea de que exista una única lectura correcta y da un papel central a la percepción, el cuerpo y la imaginación.
- Público general. La propuesta parte de un códice de imágenes concebido como un dispositivo de exploración visual. En diversos puntos del recorrido, el público encontrará obras señaladas que activan la dinámica: al situarse frente a una pieza concreta podrá mover las piezas del códice y seleccionar imágenes de naturaleza muy diversa, como obras de arte, fotografía, moda, publicidad, cultura digital o imaginarios populares que establezcan con ella algún tipo de relación. La propuesta amplía el marco histórico de la exposición y permite observar cómo circulan una composición, un gesto o una atmósfera por ámbitos culturales y por tiempos distintos, apareciendo y reapareciendo transformados en contextos inesperados.
Actividades en torno a la exposición
Para llegar al máximo de públicos, Una fuerza del pasado se acompaña de un programa de actividades que ofrece la clásica visita comentada, visita con vermut seguida de tertulia y visita con menú temático dinamizada por una educadora de CaixaForum con soporte audiovisual.
Para el público escolar, las propuestas incluyen una visita dinamizada infantil para alumnado desde Educación Infantil 4 hasta 2.º de Educación Primaria; una visita taller a partir de 3.º de Educación Primaria y ESO, y una visita comentada escolar para estudiantes de ESO, Bachillerato y CFGM.
Por último, como actividad familiar y para colectivos específicos, se propone la visita taller familiar «Mirar atrás, ir hacia delante», que juega con la paradoja de echar la vista atrás como manera de coger impulso para afrontar el presente.
Vale la pena mencionar también que las actividades de Una fuerza del pasado dialogan con el espacio de lectura y juego Pasión por el pasado, organizado en torno a otra de las exposiciones, presente en CaixaForum Barcelona hasta el 4 de octubre de 2026: Soy Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria. El taller está pensado para niños y niñas a partir de 5 años y está centrado en la arqueología y en el disfrute del aprendizaje de la historia.
CaixaForum+: Super Zoom
La experiencia de Una fuerza del pasado se extiende a la plataforma CaixaForum+ a través de Super Zoom, una serie de documentales cortos en los que robots equipados con cámaras de superalta resolución digitalizan obras de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación ”la Caixa”.
Los códigos QR situados junto a algunas de las obras de la exposición permiten acceder a vídeos que recorren las piezas dando explicaciones detalladas. Entre los ejemplos presentes en la muestra figuran trabajos de Robert Mangold, Miquel Barceló y Mike Kelley. En el caso de la gran instalación de Kelley, este recurso ofrece una forma de recorrer visualmente su interior sin tener que agacharse y gatear, lo que facilita la accesibilidad de la obra.
El catálogo: una constelación de relaciones
Una fuerza del pasado va acompañada de un catálogo que reproduce el sistema de referencias del proyecto expositivo. Las obras contemporáneas presentes en la exposición aparecen en color, mientras que las piezas de referencia se presentan en blanco y negro, como notas visuales que orientan la lectura sin sugerir que forman parte del recorrido expositivo.
La publicación incluye los ensayos «El impulso de un pasado imprevisible», de Carlos Martín; «Siempre ha sido así», de Hans den Hartog Jager, y «Una semántica de las personas y las cosas: el legado de Marcel Duchamp», de David Joselit. Se completa con la catalogación de las obras y de sus referentes, con textos que explican cada vínculo y amplían la investigación desarrollada para la muestra.








